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lunes, 14 de mayo de 2012

Música

Abraham Peralta Vélez
En el principio fue la música
que deshizo el silencio
y fue la flor del mar
en la cuenca de Dios
que dio forma a tu vientre
en forma de deseo
en misterio de nubes
que nada significan
más que la sensación
de estrellas y de estrellas
de estar entre tus muslos.

Sólo porque la flor
quiso ser un canario,
cayó el agua y el viento
levantó tus pestañas;
cómo te explico, cómo,
esto que traigo adentro;
sólo porque la vida
quiso ser la muerte.
No significa nada
la música y lo es todo.
Como tú, como yo
¿Qué más puedo decir?

Quizá una ballena
me dará la razón.

Abraham Peralta Vélez

sábado, 12 de febrero de 2011

Jose Luis Borges y Astor Piazzolla. El Tango

Hoy andamos ríoplatenses, tangueros, nostálgicos. José Luis Borges y Astor Piazzolla, dos autores que no necesitan presentación alguna, sino reflexión y deleite.

El tango

¿Dónde estarán? pregunta la elegía
de quienes ya no son, como si hubiera
una región en que el Ayer, pudiera
ser el Hoy, el Aún, y el Todavía.

¿Dónde estarán? (repito) el malevaje
que fundó en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones
la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,
dejando a la epopeya un episodio,
una fábula al tiempo, y que sin odio,
lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Los busco en su leyenda, en la postrera
brasa que, a modo de una vaga rosa,
guarda algo de esa chusma valerosa
de Los Corrales y de Balvanera.

¿Qué oscuros callejones o qué yermo
del otro mundo habitará la dura
sombra de aquel que era una sombra oscura,
Muraña, ese cuchillo de Palermo?

¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos
se apiaden) que en un puente de la vía,
mató a su hermano, el Ñato, que debía
más muertes que él, y así igualo los tantos?

Una mitología de puñales
lentamente se anula en el olvido;
Una canción de gesta se ha perdido
entre sórdidas noticias policiales.

Hay otra brasa, otra candente rosa
de la ceniza que los guarda enteros;
ahí están los soberbios cuchilleros
y el peso de la daga silenciosa.

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
el tiempo, los perdieron en el fango,
hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
muerte, esos muertos viven en el tango.

En la música están, en el cordaje
de la terca guitarra trabajosa,
que trama en la milonga venturosa
la fiesta y la inocencia del coraje.

Gira en el hueco la amarilla rueda
de caballos y leones, y oigo el eco
de esos tangos de Arolas y de Greco
que yo he visto bailar en la vereda,

en un instante que hoy emerge aislado,
sin antes ni después, contra el olvido,
y que tiene el sabor de lo perdido,
de lo perdido y lo recuperado.

En los acordes hay antiguas cosas:
el otro patio y la entrevista parra.
(Detrás de las paredes recelosas
el Sur guarda un puñal y una guitarra.)

Esa ráfaga, el tango, esa diablura,
los atareados años desafía;
hecho de polvo y tiempo, el hombre dura
menos que la liviana melodía,

que solo es tiempo. El Tango crea un turbio
pasado irreal que de algún modo es cierto,
el recuerdo imposible de haber muerto
peleando, en una esquina del suburbio.

De: El otro, el mismo

JORGE LUIS BORGES

lunes, 28 de junio de 2010

Porque el saxofón también es poesía.

MÉXICO Y EL SAXOFÓN, Por Juan Cervera Sanchís

A mediados del siglo XIX, el constructor belga Adolfo Sax, quien en realidad se llamaba Antonio José, y quien viviera entre 1814 y 1894, inventó un instrumento musical al que daría el nombre: saxófono y que en nuestro idioma pasó a llamarse saxofón.

Construyó su invento, hombre de admirable ingenio, en seis modelos, que todavía permanecen y que llevan por nombre: soprano, saxofón alto, saxofón bajo, saxofón tenor y saxofón barítono.
Sax editó a su vez un método, escrito por él naturalmente, para enseñar a tocar su invento. O mejor dicho: sus inventos. Hay que notificar que José Antonio Sax, o Adolfo Sax, como se le conoce, inventó, aparte del saxofón, la saxtromba, el saxhorn y la saxtuba.

Su gloria, empero, se la debe al saxofón, que pronto fue aceptado por los músicos y encontró admirables ejecutantes. Entre los grandes saxofonistas a nivel universal es célebre el nombre de George Washington Jr.Brilla también con poderosa luz propia Charly Parker. No se diga Jerry Mulligan,Hornet Colleman y Man Holkine. En verdad el saxofón ha encontrado a fervientes amantes de su muy especial y puro sonido de alta e incuestionable calidad. No es nada fácil tocar este instrumento, pero cuando encuentra a su virtuoso su sonido es seductor.

En México, desde su llegada a estas tierras a finales del siglo XIX, el saxofón encontró excelentes ejecutantes. Curiosamente en las historias de la música mexicana, se registran y exaltan, hablando de ejecutantes, a pianistas, violinistas e incluso a trompetistas, como es el caso de Felipe León. Desafortunadamente a los saxofonistas no se les da la menor importancia. Ignoramos las causas de esta indiferencia hacia ellos por parte de los historiadores.

Hablando de esto con el saxofonista Matías Santisteban nos afirmó con conocimiento de causa:
“-En México hemos tenido y tenemos valiosos, y me atrevo a afirma que extraordinarios, saxofonistas”
-¿A qué crees tú que se deba que ni siquiera se les cite en las historias, pocas, que hay por ahí, divulgando breves reseñas biográficas de ejecutantes? Recuerdo en esas historias fichas biográficas de violoncellistas como Francisco Cárdenas Flores; organistas como Nicasio como
Julián Zíñiga; flautistas como Agustín Oropeza; violinistas como Anastasio Flores, pero ni una sola de alguno de nuestros saxofonistas. ¿No te pareceinjusto?
“-Es muy injusto y, ello, deja al descubierto la ignorancia de esos autores respecto a nuestros saxofonistas. Entre los que hay algunos de prestigio internacional.”
-¿Cómo cuáles, Matías?
“-¡Hombre!, aquí y ahora de memoria me temo que pueda olvidar a alguno de ellos.

Nuestra plática transcurrió en el café San José, de las calles de Ayuntamiento, muy cerca de la casa donde estuviera la celebérrima y legendaria radiodifusora XEW, llamada también “La voz de la América Latina”, en sus tiempos de gloria.
Matías Santisteban continuó:

“-Te daré varios nombres, pero hay más. Por ejempo: Luis Cabrera “El Pilón”, quien llegó a ser el primer saxofonista de la gran orquesta de Luis Arcaraz. En verdad fue extraordinario y cuantos gustamos del saxofón lo admirábamos y lo escuchábamos casi con religiosa devoción”.
-Por favor, Matías, más nombres.
“-Ahí te van. Me acuerdo de Freddy Noriega, al que llamaban “El Kennedy”. Era estupendo.”
-Oiga, Matías, ¿y por qué eso de los motes entre los saxofonistas?
“-Los motes no son cosa única entre los saxofonistas; en México, pues así somos los
mexicanos, son comunes en todas las profesiones; pero el mote no quita ni añade
talento al músico”.
-Correcto, Matías. ¿Qué otros saxofonistas mexicanos consideras de primero nivel?
“-Popo Sánchez me parece fenomenal, y volviendo a los que tienen mote, no quiero olvidar a Héctor Hallar “El Árabe” y mucho menos a Alfonso Martínez “Pochito”, Eddy “El Chato” Urbina
y Tomás Rodríguez “La Negrita”. Con estos nombres es más que suficiente, creo yo, darte una idea, de la cantidad y calidad de nuestros saxofonistas.”
-Siento, Matías, que estamos olvidando a uno.
-“¿Cuál?”
-Se trata de un señor que nos descubrió Cristina Pacheco en su programa del Canal 11 “Aquí nos tocó vivir” y que se llama José Peralta.”
-“Ah, sí, hombre. Lo conozco. Es uno de los mejores, por no decir el mejor, saxofista callejero, y de cantina, que tenemos en la ciudad de México. Te puedo decir que yol o he escuchado en la cantina “Los Hijos de Ultramar", que está por el rumbo del mercado de Río Blanco. Te puedo decir que es muy bueno, pues también en las calles de la ciudad te encuentras con músicos que merecen nuestro respeto”.

Cierto y muy cierto que en México ha habido y hay auténticos virtuosos del saxofón que, si fuera posible revivir a los muertos y reviviéramos a Adolfo, o Antonio José, Sax, se deleitaría en extremo escuchándolos.