domingo, 11 de noviembre de 2012

La alegría del idioma, Carlos Pellicer

Les comparto un fragmento del discurso de Carlos Pellicer en su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua; muy a cuento con lo que sucede todavía con la expresión poética del siglo xxi, por lo menos, según mi parca receptividad.

"El arte poético actual, si así puede llamársele, es la negación de toda belleza formal. Los poetas, aquí y allá, se han echado en brazos de un pretendido y falso verso libre que no es sino una prosa de medio uso y de medio pelo. El tema obligado es el anecdotario político-social más saliente de nuestros días, con todo lo que suele tener de odio y de virulencia malsana. Se llaman escritores progresistas y en general, artistas progresistas. Progresistas por imbecilidad, pues ¿de dónde han sacado que el arte es susceptible de progreso? El arte, de acuerdo con los tiempos, es sólo diferente. Desde hace treinta mil años, más o menos, en la época feliz en que todo era de todos, ¡oh, Cervantes, divino e inmortal!, la Humanidad alcanzó la madurez estética por lo que se refiere a la pintura, y no la ha sobre pasado. Después, maduró la arquitectura en Egipto y en lo que hoy llamamos América, y también la escultura. Grecia, inventa o establece, para siempre, los géneros literarios. La música es, por excelencia, perfecto fruto y arte cristianos. Solamente la ciencia continúa su proceso natural evolutivo, facilitando el trabajo y la traslación y multiplicando diabólicamente la capacidad de destrucción y de odio. ¡La pobre ciencia!

Sólo el arte goza de una especie de modesta eternidad. Es lo único que queda en pie, después de desaparecida históricamente una cultura. Pero el arte, en libertad. No por consigna. Y por excelencia, el arte religioso de todos los tiempos, el verdadero arte. Un partido político, con el que tengo algunas afinidades, pretende estúpidamente que sus artistas afiliados, hagan arte para las masas, como si el arte no fuera para todo el mundo. Y le llama arte formal a aquella manifestación artística que expresa refinamientos de oficio, y les exige a esos artistas que no sean refinados, que no hagan las cosas lo mejor que puedan, sino informalmente, es decir, arte, como si dijéramos para analfabetos, para ignorantes, para pobres diablos. Sencillamente un arte jerarquizado hacia abajo. En el colmo de la contradicción, por una parte se desea y lo deseamos muchos afortunada y ardientemente, que no haya hambre ni miseria, que haya, ojalá, una sociedad sin clases, es decir, un mundo cristiano, y por otro lado, se exige en lugar de un arte esplendoroso, un arte sin arte, amorfo y harapiento [...].

La alegría del idioma ha hecho de mí un poeta que ama su oficio, su arte, la suntuosidad, porque en mi sangre hay noches mayas y días mediterráneos. Pero me estoy refiriendo a esa pobre cosa que es el ingenio humano, tan fascinante y tan necesaria en apariencia. Hay algo superior al arte, y es la bondad. Toda la literatura del mundo, pasada, presente y futura, no es y será sino un gentil divertimiento, al lado del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Y la mayor suma de belleza imaginable está contenida también en Él. El cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán. Y veo que pocos momentos he acertado en mi obra poética. Yo, que soy un violento, no he sido en suma sino uno de tantos cobardes. Lástima de alegría del idioma, tan torpemente empleada. Es apenas ahora, a la entrada del otoño, todavía con las últimas rosas en las manos, cuando yo quisiera vivir con la alegría portentosa de la conciencia de lo eterno. Yo daría toda una vida rica de miseria por un solo día de luminosa plenitud.

Hay algo en mí que surgirá y revivirá
la primavera sin su veleidades.
Un día de animadas soledades
encarnará la rosa indicativa.

Me faltará en la boca la saliva;
tan lejos sentiré mis tempestades,
que apenas luminosas oquedades
cerrarán sin ruidosa comitiva.

Entre rumores y amistad campea
mi esperanza. Un volcán sus líneas sube
y el valle con la tarde se ladea.

¿Vendrás, oh primavera, la Esperada?
Y al cuello del volcán, plácida nube
divide en dos la roca apasionada".
Documento publicado en la Revista de la universidad de México y lleva por título "La alegría del idioma".

martes, 23 de octubre de 2012

Quien que es...


-->
Que te lo digo yo,
que no soy nadie:
¿Quién que es no es esclavo?
Así el hijo de rata,
como el hijo de águila,
son dos pobres esclavos;
y la amada amadísima,
que esclaviza al amante,
es a su vez esclava del amante,
ya sea a flor de fango
o en la celeste altura
de los aéreos cielos.
Todo está encadenado.
Las cadenas son múltiples.
La libertad es sólo una palabra
con ojos y con uñas de mazmorra.
Creas lo que tú creas
la real realidad
siempre y siempre está ahí
y, ajena al autoengaño,
ordena y manda,
porque manda y ordena
con estricto rigor,
y totalmente sorda
a cualquier petición,
por pequeña que sea,
de clemencia.
Que te lo digo yo,
que no soy nadie:
¿Quién que es no es esclavo?

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F., 21 Octubre 2012

Revista La libélula No.16

lunes, 15 de octubre de 2012

ORILLAS

-->
A orillas de la nada,
que es el todo,
veo nacer una estrella.
Una paloma llora en el balcón
de tu casa sin nadie.
El recuerdo de un río transparente
se desborda en la arena.
En un rayo de sol
juega una avispa niña.
Vislumbro vidas mías
no vividas aún.
Silba el aire, las hojas
verdes del eucalipto
creen que son esmeraldas.
Me acuerdo de que estoy recordando.
¿Me estás tú recordando?
En la voz del silencio se oye un grito.
Giran los viejos mundos.
Un rubio sol se apaga.
Un tiempo sin mi tiempo,
y otro tiempo sin tiempo,
se atan y se desatan
a la ilusión del tiempo
ya sin tiempo en el tiempo.
Paradoja infinita.
¿Dónde quedó mi espacio?
El espacio, mi espacio sin espacio.
A orillas de la nada,
donde el todo se orilla
y todos son orillas,
pongo punto y aparte
a lo no dicho para decir
que digo lo que no estoy diciendo.
Una paloma llora, llora y llora
en el balcón apenas entreabierto
de tu casa sin nadie.
El recuerdo...El olvido...
La vida que se fue
y no volverá nunca
y nunca nunca nunca volverá,
ya que siempre y por siempre
siempre estuvo de vuelta.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F. Colonia San Rafael, 15 Octubre 2012

domingo, 7 de octubre de 2012

Una piedra en el zapato

Que yo traigo una piedra
una piedra en el zapato
que molesta, lo que traigo,
porque es herida, la piedra.

Una herida, casi pena,
muy pequeña, casi alegre,
casi y quizá inmensamente
raíz, lunita, sol, marea.

Una piedra en mi zapato
hiere mi andar ya herido
de andar inútil, millonario,
de bolsillo empobrecido.

En este mundo aciago,
solo, crecer significa
hacerse a la herida,
a la piedra en el zapato.

Crecer fue, ahora la herida
actúa, besa, odia, rehuye,
por mí ella late y fluye,
casi pena, casi alegría.

Que yo traigo una piedra,
una piedra en el zapato,
que es herida y es mandato
que voy a donde me trae ella.
Abraham Peralta Vélez

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Mosca

-->
Una mosca en la alcoba.
Una mosca. Una mosca.
No sé de dónde vino.
Foto: Juan Cervera Sanchís
Sólo sé que está aquí
volando,
revolando,
chocando,
una vez y otra vez,
contra el duro cristal
de la ventana,
y buscando
y buscando
una rendija
que le permita huir
y volar libremente
por los cielos más libres.

La observo. Me conmueve.
Me pregunto:
-¿Soy acaso esa mosca?
Sí, esa mosca soy yo.
Soy yo esa mosca.
Soy esa pobre mosca
y no encuentro
por más y más que busco
-¡desesperadamente!-
una salida.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F., Colonia San Rafael, 26 Septiembre 2012

lunes, 24 de septiembre de 2012

Eso que revienta, de J. Andrés Herrera

En estos días amanece el dolor. Un sol milenario, que vuelve y nos despierta: enfermos en el hospital, hambre de pordiosero, poder de prepotencia, culpables libres e inocentes presos, cerrazón adinerada, estudio sin fin, muerte...

En estos días dolorosamente típicos en la ciudad de México, donde "no cabe ni el polvo" y "Dios no halló lugar en nuestro reino", en estos días, J. Andrés Herrera, joven de 22 años, viene de muy lejos y revienta el éter poético.

Por más que sea el dolor el segundero de nuestras horas, uno no termina por acostumbrarse a la miseria humana. Por esto, "en esta tierra donde no se aceptan gotas de cometa", el poeta J. Andrés Herrera desmadra y crea trabado de belleza lejana y etérea.

Se traslucen los viajes, los desmadres, las caminatas, la urbe y los amores, en Eso que revienta, de J. Andrés Herrera. La poesía, ya desformada a la arteria del poeta, sin otra forma que el fondo de la existencia, nos revela el amor, es decir, esa "parte más sólida del encuentro", es decir, "el número áureo, la perfección, el infinito, Dios".

Eso que revienta se hace jazz, y se pierde y gana el remolino del amor; la violencia del tiempo, el enfrentamiento del poeta con sus lectores y, aun más, el conflicto de enfrentar la vida como un fuego que se consume y lo consume todo a su paso: paisajes místicos, crudas, drogas, erotismos, música, soledades, soledades cósmicas.

Échenle un vistazo a esto, Eso que revienta, pues "NO HAY NINGÚN PINCHE DERECHO RESERVADO".

Abraham Peralta Vélez