lunes, 18 de abril de 2011

Hombre de tierra y sol


Juan Cervera Sanchís
Hombre de tierra y sol, de lluvia y viento;
materia deleznable y traicionera.
Hombre que como el mar se desespera
y ola a ola se agita en su elemento.

Hombre de dolorido pensamiento
y de sombra cansada y pordiosera.
Hombre que tercamente persevera
en cerrarle la puerta al desaliento.

Hombre que contra el tiempo imponderable
inventa el vino azul de la poesía
contra la inmensidad del sumo abismo.

Hombre, rara criatura inexplicable
que trata de explicarse cada día
lo que es inexplicable: el hombre mismo.

JUAN CERVERA SANCHIS
Ciudad de México

domingo, 17 de abril de 2011

Nostalgia


Esta acalorada noche llueve
en la ciudad de México,
y cómo lloviendo, calurosamente,
revive mi pueblo, Fortín de las flores, Veracruz.

Encerrado, abro la puerta
en abril, salgo a la lluvia,
memoria viva,
y el extranjero, vuelve llorando
a los hogares de mi infancia:

las noches intensísimas de lluvia,
el bullicio del café hirviendo,
de las comadres,
de los ventiladores en el techo,
el olor a corteza
de los perros empapados...
y, lo que más extraño, ay, hogar,
es a los amigos entrañables, infantiles,
de las noches en el parque,
o de las tardes interminables del deportivo,
que, seguramente, al igual que yo,
son otros, ya muchachos solitarios.

Cortinas, cortinas de lluvia,
esta acalorada noche
en la ciudad de México,
pasando mientras el pasado
se hace presente, gota tras gota, llueve.
¡Estoy empapado de mi pueblo, el de las flores!

La solitaria vida
ha encontrado un hogar
en mi pueblo de flores.
¡Ah la fantasía!
Cómo llena el corazón
de hogares lluviosos,
calurosamente,
hasta colmarlo de alegría.

Abraham Peralta Vélez, 15 de abril, 2011.

viernes, 15 de abril de 2011

Memoria (corregido)


Ahí donde el olvido
no existe para nadie.
Ahí donde el recuerdo
permanece por siempre
intacto y puro.
Ahí donde los reyes
y los súbditos son
sencillamente iguales.
Ahí, exactamente ahí,
en las entrañas de la luz,
en donde todos somos
luz de luz
y el olvido y las sombras
jamás han existido.
Ahí tengo mi hogar.
Ahí tengo mi sitio,
el sitio real de todos y de todo.
Memoria irradiadora
de vida vivamente enamorada.

JUAN CERVERA SANCHÍS
México D. F., 16 Abril 2011

martes, 12 de abril de 2011

ROSAS MORENO, POETA Y EDUCADOR


Por Juan Cervera Sanchís

Hay quienes únicamente recuerdan a José Rosas Moreno por el nombre de una calle. De su poesía, hoy, pocos se acuerdan. Tampoco de sus fábulas para niños. No obstante ahí están en las páginas amarillentas de algunos viejos libros esperando volver a ser leídas.
Rosas Moreno vino al mundo en Lagos, Jalisco, el 19 de agosto de 1838. Hijo de don Ignacio Rosas y doña Clara Moreno. Ella era pariente del insurgente Pedro Moreno. José estudió en León, Guanajuato. Luego en la ciudad de México donde hizo
la carrera de Leyes.
Siendo muy joven comenzó a militar en el Partido Liberal. Al terminar su carrera profesional en la capital de la República retornó a la ciudad de León, que él sentía realmente suya. Ahí hizo carrera política. Fue diputado a la Legislatura de
Guanajuato y posteriormente al Congreso de la Unión. Sería también regidor del ayuntamiento de aquella ciudad.
Su pasión más profunda se inclinaba hacia las letras. Ejerció el periodismo político y literario. Colaboró con asiduidad en los periódicos liberales.
Preocupado profundamente por la cultura y la educación de las nuevas generaciones cultivó con maestría la fábula. Sus fábulas para niños le dieron una enorme popularidad en todo el país.
Nos legó varios libros de fábulas y es una pena que los niños de hoy no los hayan leído. Durante años fueron de lectura obligatoria en todas las escuelas de México.
Rosas Moreno está, justamente, considerado como el mejor fabulista mexicano. Sus fábulas son tan ingeniosas y originales como las de Fedro, Esopo, Iriarte o Samaniego. Su lectura, hoy como ayer, nos dejan una sabia enseñanza ya que cada fábula es en sí una positiva lección.
El año de 1891, ocho años después de su fallecimiento, acaecido en 1883, José Rosas Moreno recibió un homenaje. Se le recordó como un admirable educador y un notable patriota. Tal como se acostumbraba en el lenguaje de la época, uno de los participantes al acto al referirse al homenajeado manifestó: “Era un hombre
tan modesto y espiritual cual un ramo de violetas.”
Aparte de este piropo que hoy nos suena a románica cursilería se subrayó:
“Entre los autores mexicano ninguno como Rosas Moreno, quien puso su talento y sus sentimientos al servicio absoluto de la patria.”
Así eran aquellos floridos homenajes en el México del siglo XIX.
Algo que no conviene callar, y que retrata el alma de aquella época en su concepto y en su praxis, tan diferentes a la nuestra, es que Rosas Moreno vivió y murió en la digna pobreza de las mínimas regalías que le dejaban sus libros y lo poco o casi nada que le pagaban los periódicos donde colaboraba y un pequeño sueldo que recibía como maestro, ya que toda su vida dio clases.
Rosas Moreno fue un hombre noble y generoso, aunque visto desde la óptica actual, en que el desprecio por el humanismo es cada vez más acentuado, pueda parecer, a los ávidos depredadores que hoy nos circundan por todas partes, un
ingenuo.
Él pensaba y actuaba en función a la educación misma y no hacer de esta un negocio con el que ganar dinero y más dinero. José Rosas Moreno escribió también varias obras dramáticas de excelente calidad literaria y contenido social, pero no tuvo éxito con ellas. Excepción hecha con la titulada “Sor Juana Inés de la Cruz”, que sí fue representaba y aplaudida por el público culto de la época.
Su colección de fábulas morales fue prologada por don Ignacio Manuel Altamirano.
La poesía de Rosas Moreno, donde nos habla, en perfectas rimas consonantes, de tristezas crepusculares y la vida del campo, así como del retorno a la aldea, nos sorprende de repente como versos como estos:

“Cada árbol, cada flor, guarda una historia”

Y: 
“Errante y sin amor siempre he vivido;
siempre errante en las sombras del olvido”.

Versos que nos revelan una secreta y profunda desolación y una amargura interior que lo conduce a esta rotunda conclusión:

“Ni sé, ni espero, ni ambiciono nada”.

Tras el fabulador de cuadros morales y el patriota ferviente había un hombre reflexivo y solitario, que sabía de tristezas y decepciones, lo que sin duda es harto interesante y rompe de alguna manera el cliché que tenemos de José Rosas Moreno.
Si ahondamos en su médula poética descubrimos a un ser humano, a un poeta, e incluso a un filósofo de la vida, muy distinto de aquel que sus contemporáneos dibujaron, con superficialidad, como “un hombre espiritual cual un ramo de violetas”.

sábado, 9 de abril de 2011

FLORES


Para Regina Véjar, niña, o la flor o la mujer, bastó verla una vez para retomar la esperanza y entender el sentido de las flores.

¿Dime, Regina, qué flor de flores eres,
dime, niña del alma, quién eres?

¿Eres traviesa, traviesa margarita,
qué será sensual, hermosa azucena?

¿Eres dalia, camelia de mil secretos,
o franca clavel, honda y altiva?

¿Eres orquídea, recio carácter, púrpura,
o violeta sensible, casi triste?

¿Dime, Regina, qué flor de flores eres,
dime, niña del alma, quién eres?

¿Eres sonrisa tras sonrisa geranio,
o petunia tras petunia alegría?

¿Eres la roja esencia, la amapola,
el opio, la memoria, sueño vivo?

¿Eres gardenia blanquísima o nardo
de aromas el agua del todavía?

¿Dime, Regina, qué flor de flores eres,
dime, niña del alma, quién eres?

¿Eres baila, danza, baila, bailarina
girasol, y alcatraz incansable?

¿Eres rosa mística, guadalupana,
de castilla al cuidado del labriego?

¿Eres narciso arrogante, herida
por el sol, y a la vez, luz cegadora?

Eres de todas las flores, flor, Regina,
eres nunca y siempre igual esperanza.

Abraham Peralta Vélez, Madrugada, 16 de marzo de 2011

jueves, 7 de abril de 2011

EN LA MUERTE DE RAFAEL FERNÁNDEZ POMBO


Rafael Fernández Pombo me revela
el corazón profundo de La Mancha
y en su palabra alta, clara y ancha,
La Mancha, vino a vino, se me enciela.

Que su verso de luz desencarcela
mi mirada y el mundo se me ensancha
en la dura ciudad donde se aplancha
mi sombra a ras de asfalto, plomo y suela.

Rafael Fernández Pombo, nunca muerto;
vivo siempre en su verso renaciente
y con alma de noria musical.

Tan ubérrimo él, viril y cierto
en su poesía hermosa y transparente
donde La Mancha es surco sideral.

JUAN CERVERA SANCHIS
México D. F., 5 Abril 2011

lunes, 4 de abril de 2011

CREO


poemasdeshanna
Creo en Dios porque creo
en los pequeños
y alegres gorriones.
Creo en Dios porque creo
en la lluvia, en el viento,
en la tierra, en los bosques.
Creo en Dios porque creo
en el sol, en las nubes,
en las rosas azules,
en los blancos jazmines
y en los musicales ruiseñores.
Creo en Dios porque creo
sencillamente en ti,
en la luz de tus ojos
y en el vivo arco iris de tu nombre.
Creo fervientemente en lo que creo
y porque creo, mi amor, en lo que creo
mi alma es un jardín de mil colores
donde la flor amante que es tu vida
señorea victoriosa entre todas las flores.

JUAN CERVERA SANCHIS