miércoles, 2 de enero de 2013

ESPERA

A Alan Soto y a Gabriela Segueda,
amigos entrañables del mar del Pacífico

Mientras espera, solo, el pajarito,
a la orilla de la mar, ensueña
un silencio gigante de ballena,
detrás del aparente desaliño.

Se sonrosa el sol, viejo, se está ido.
El pajarito ensueña, en Barra Vieja,
ensueña un más allá que nunca llega
y llega por las olas del pacífico.

Diminuto y hambriento, el pajarito,
escucha, de las olas pasajeras,
la ola ensordecedora y eterna,
que no cesa, callada, de ser grito.

Barra Vieja, caballo en remolino,
ventarrón de la mar sola, abierta,
y pajarito solo, altas palmeras,
me llena de milagro en un respiro.

Abraham Peralta Vélez, 3 enero de 2012

Espera, Abraham Peralta Vélez


martes, 1 de enero de 2013

Dime tú

Dime tú, ¿a quien le importan
las lágrimas azules del canario?
¿Las hormigas no duermen?
¿De qué estaban hablando
en el viejo jardín las rosas moribundas
y los rayos del sol?
Si el jardinero es sordo,
¿por qué llora la música?
Un querubín travieso se reía de sí mismo.
Era tan pobre Dios que creaba y creaba,
sin descanso, universos efímeros.
El árbol de la vida, ¡ah vida mía!,
se sentía abandonado por su sombra.
Una rama, unas hojas... Nidos de colibríes.
Lo invisible visible. Déjame que te diga...
¡Oh, no, mejor me callo!
Cuanto sé del silencio
es que yo no sé nada del silencio.
Sigue gritando tú. Sigue y sigue gritando.
Yo no puedo creer, nunca he creído
y nunca he de creer
en la hojalata absurda del absurdo
e inútil griterío.
Es por eso, es por eso, por aquello y lo otro,
que quisiera saber... ¿Lo sabes tú?
¿Alguien lo sabe?
Dime tú, ¿a quien le importan
las lágrimas azules del canario?

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F. Colonia San Rafael. 13/12/2012

Dime tú, Juan Cervera Sanchís
HIJA

Hija de puta. La vida.
Gran hija de puta, sí.
Hija de puta la vida
y el vivir.
Vivir, vivir...¡Qué putada!
Lo bueno es que tiene fin.
Suicidas del mundo, ¡uníos!
Y...
¡Uníos suicidas del mundo!
Uníos, uníos y unir
vuestras firmes voluntades
y de una vez y decidir,
sin más cuentos ni más cuentas,
lo que hay que decidir.
Hija de puta. La vida.
Gran hija de puta, sí.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F. Colonia San Rafael 14 Diciembre 2012 



lunes, 31 de diciembre de 2012

Por cielo, mar y tierra

¡Por cielo, mar y tierra,
encuentro al hombre
ala, raíz, naufragio!

Nada nos es dado sino el dar
hasta ser plena nada.
¡El cielo, la tierra, la mar!

¡Qué ciertas las nubes aquellas,
pasajeras como los peces
y tan polvo como los hombres!
¡Qué piedra aquella ave!

Por cielo, mar y tierra,
encuentro al hombre
temblor de hojas y olas
y alas pasajeras.
No el hartazgo, sino
¡la sed, la sed, el hambre!


Abraham Peralta Vélez 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Hoy andamios banqueteros, habrá un día, acaso, ¿que no devengamos en callejerías?, más que la excepción, la regla, a poco no, mi flaca. 
Hoy gusto de compartirles una revista de Iletrados banqueteros, y, por tal motivo, aprovecho para sacarles de la manga del cajón un Soneto de la calle, ya que estamos en tales menesteres. 

A mis abuelos, albañiles.

¿Cuántos muertos han construido vida
a bultos de cemento?.. Un lamento
eterno y mudo surge en el cimiento
de los muros de la ciudad erguida.

Con denuedo el alma malherida
moldeó de la piedra el elemento
y edificó, a latigazo hambriento,
pueblo, urbe, cultura y guarida.

El albañil, alma alfarera, siente
la esencia del polvo del cascajo,
la edifica, la ofrenda llanamente.

Cuela con agua la semilla ardiente
de la piedra, y, desde tierra abajo
la edifica en sol efervescente. 

Abraham Peralta Vélez 



REVISTA LA ILETRADA



lunes, 10 de diciembre de 2012

Premios


De los poetastros
y de los escritorzuelos,
cazadores de premios,
y autores de insufribles mamotretos,
que aparecen pomposos
en las llamadas páginas
culturales de los periódicos,
Dios nos libre, ¡oh Dios mío!
Realmente dan pena
verlos posar y oírlos
decir a boca llena estupideces.
Ellos, ¡qué chiste tan sin chiste!,
inflan, inflan e inflan sus ridículos egos
y acarician el cheque,
¡viva la literaria corrupción!,
con codicia febril en los oscurito
mientras dan entrevistas
ridículas a ridículos
e idiotas periodistas de ocasión.
-Soy famoso. Famoso. Soy famoso,
farfullan lengua adentro
con mísera miseria,
propia de miserables,
pues miserables son
estos, sin discusión, repugnantes tipejos.
Que así son los poetastros
y los escritorzuelos
cazadores de premios.
Aunque no obstante obtienen
toda clase de premios,
incluidos la mentira del Nobel
o el Cervantes, premios ambos
que nunca jamás nunca
hubieran concedido,
de existir en su tiempo tales fábulas,
al bueno de Miguel mientras vivía;
pero así es este fraude y esas gentes
que suelen dar los premios
y ¡bueno!, ¡bueno!,
como suelen decir los futbolistas,
las cosas son así y asao
y el que puede las puede
y, por tanto, en protesta,
aunque de nada valga,
se vale orinar en un árbol,
imitando a los perros callejeros,
y lanzar un ladrido
por el sencillo gusto de ladrar
sin esperar que a nadie
se le ocurra ponernos en la lista
de los clásicos y astutos
cazadores de premios,
aunque eso sí, la verdad por delante,
nos vendría de perlas y collares
un cheque al portador
para poder adquirir el oxígeno
que tanto necesita, y con urgencia,
nuestra musa adorada;
por la gracia del agua,
del aire, de la tierra y del sol,
mujer de carne y hueso.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F. Colonia San Rafael 1 Diciembre 2012.
Ilustración: Abraham Peralta Vélez

Ilustración: Abraham Peralta Vélez

Ilustración: Abraham Peralta Vélez

Ilustración: Abraham Peralta Vélez

Ilustración: Abraham Peralta Vélez

Ilustración: Abraham Peralta Vélez

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sin embargo

Hoy, sin embargo, y, pese a todo,
te amé con locura.
Hoy que salió a las calles la mentira
a incendiar cristales de impotencia.
Hoy que la realidad es agobiante,
convulsa y asesina,
y el odio fertiliza nuestros actos.
Hoy, sin embargo, y, pese a todo,
te amé con locura,
a pasos gigantescos de verdad.

Este día, primero de diciembre,
de un agobiante siglo veintiuno,
dejo un testimonio de amor,
un búnker de amor,
en medio de la cólera y la sangre
liberal y tan pútrida de la soberana
y puta democracia. Hoy te amé.
Porque sé que tan sólo mudará
el ventarrón la orilla de los rostros
y el corazón profundo de los actos
seguirá en el rumbo de su engaño.

Hoy que salió a las calles la mentira
a mentarle la madre a la esperanza.
Hoy, sin embargo, y, pese a todo,
aunque ya nadie crea en nadie, ni en nada,
escribo que te amé -acción directa-
en medio de ambulancias y patrullas.
Porque si en algo creo es en tus besos 
que me alegran al pie de nuestra tumba,
más allá de esta pena,
con su fresco dulzor de media tarde.

Hoy dicen que no es tiempo de poesía,
y, sin embargo, pese a todo,
en algún sitio sonreían flores
de luz y noche buena.
Hoy, tras el odio ruin de la impotencia, 
amaso nuevamente la luz de tu cariño,
con el sudor del verso, luminoso y fuerte,
y esta es mi más humilde y profunda rebeldía.

Abraham Peralta Vélez

1 de diciembre de 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

EL ESCRITORIO

Era triste salir cada mañana
por un pedazo de sonrisa,
detrás del escritorio.
Triste era rasurar el ánimo
para contar unos billetes,
detrás del escritorio.
Era triste bolear los zapatos,
usar el traje de mejor

gris, arreglarse la corbata,
para mirar un monitor,
detrás del escritorio.
Era triste, muy triste, arreglarse
el sostén y las uñas, la falda y el fleco,
para el beneplácito
de los recursos humanos,
detrás del escritorio.
Era triste, me dije, ya viejo,
a punto de morir este siglo xxi,
y cómo creíamos en ello.

Mi tiempo era un cubículo sin escape.
Era triste, sí; un maldito escritorio.

2
Hubo un tiempo, sí, lo hubo,
que se arreglaban las nubes el fleco
por un beso borracho del sol.
Hubo una mañana, me acuerdo,
que me vestí de gardenias azules
por Margarita, la niña,
la niña bonita de la escuela.
Hubo un tiempo que el lapizlabial
sólo era para bailar el jazz del amor.
Pero este tiempo de escritorio
triste
obliga a los aretes del naranjo
a vestirse de primavera
amarga, por unas cuantas monedas,
por comida. Estamos cercados.

Sucede que se simula el encanto
de las pestañas del rosal, entonces
se acostumbra el gesto hermoso a la mentira.
Pero hubo un tiempo, sí, lo hubo,
que se arreglaba Azucena por la lluvia
y el pescador era un borracho por un simple caracol.
Hubo un tiempo, sí, lo hay,
un tiempo que está fuera del cubículo
triste de este tiempo de escritorio.

Abraham Peralta Vélez