Ciega, llana luz. La farsa grita, a cada paso, en lo que se ve. La mujer menuda no necesita dietas y el hombre, viril verdadero, no necesita lustrar sus zapatos. No abundante, la belleza es mínima, pero sincera. Si supieran que hay detrás de la virgen, seguro, entrarían en un abismo. ¿Saben quién es la mujer solar? Lo saben, por ello, prefieren adorarla a lo lejos. ¿Quién es el del traje de la hombría? Tal vez más marica que el cristal. El hombre ni borracho, ni mujeriego, ni escándaloso. Las flaquezas han sido idolatradas. Aunque cabe también la duda en el gimnasta. De tanta contaminación de luz, nunca se ven las estrellas, ni se verán despejada la neblina. Los pétalos han engañado el tacto y el espíritu, intocable, nunca está terminado.El placer de la masturbación. Entonces, ¿nunca te amé, amada mía? El hombre, nunca ha conocido a las mujeres, por ello, la poesía. Los dildos, los pétalos, se humedecen y terminan. El amor nunca acaba, por tal su gracia, también, el regreso a la herida. Sin ilusión la muerte. Aunque hay que distinguir la farsa, del vitalismo poético. Hay espejos y hay puentes. A veces, lo hipotético ha dado en el alma.
viernes, 4 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Video. León Felipe.Qué lastima
Qué lástima
Al poeta Alberto López Arguello,
tan amigo, tan buen amigo siempre, baje o suba la rueda |
¡Qué lástima!
que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan! ¡Qué lástima que yo no pueda entonar con una voz engolada esas brillantes romanzas a las glorias de la patria! ¡Qué lástima que yo no tenga una patria! Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa desde una tierra a otra tierra, desde una raza a otra raza, como pasan esas tormentas de estío desde ésta a aquella comarca. ¡Qué lástima que yo no tenga comarca, patria chica, tierra provinciana! Debí nacer en la entraña en la estepa castellana Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada: Pasé los días azules de mi infancia en Salamanca, Y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña. Después ... ya no he vuelto a echar el ancla y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta para poder cantar siempre en la misma tonada al mismo río que pasa rodando las mismas aguas, al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa. ¡Qué lástima que yo no tenga una casa! Una casa solariega y blasonada, una casa en que guardara, a más de otras cosas raras, un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla. ¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla, retratado con una mano cruzada en el pecho, y la otra mano en el puño de la espada! Y, ¡qué lástima que yo no tenga siquiera una espada! Porque .... ¿qué voy a cantar si no tengo ni una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla, ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada? ¡Qué voy a cantar si soy un paria que apenas tiene una capa! Sin embargo... en esta tierra de España y en un pueblo de la Alcarria hay una casa en la que estoy de posada y donde tengo, prestadas, una mesa de pino y una silla de paja. Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia y muy blanca que está en la parte más baja y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara esta sala tan amplia y tan blanca... Una luz muy clara que entra por una ventana que da a una calle muy ancha. Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas. Aquí me siento sobre mi silla de paja y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo cómo pasa la gente al través de la ventana. Cosas de poca importancia parecen un libro y el cristal de una ventana en un pueblo de la Alcarria, y, sin embargo, le basta para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma. Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa cuando pasan ese pastor que va detrás de las cabras con una enorme cayada, esa mujer agobiada con una carga de leña en la espalda, esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias de Pastrana, y esa niña que va a la escuela de tan mala gana. ¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre y se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa. ¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada con la barbilla sumida y la naricilla chata! Yo me río mucho mirándola y la digo que es una niña muy guapa... Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha. ¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha caminando hacia la escuela de mala gana, ni se para en mi ventana, ni se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa. Que un día se puso mala, muy mala, y otro día doblaron por ella a muerto las campanas. Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha, al través de la ventana, vi cómo se la llevaban en una caja muy blanca... En una caja muy blanca que tenía un cristalito en la tapa. Por aquel cristal se la veía la cara lo mismo que cuando estaba pegadita al cristal de mi ventana ... Al cristal de esta ventana que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja tan blanca. Todo el ritmo de la vida pasa por este cristal de mi ventana ... ¡Y la muerte también pasa! ¡Qué lástima que no pudiendo cantar otras hazañas, porque no tengo una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla, ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada, y soy un paria que apenas tiene una capa ... venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia! |
sábado, 26 de febrero de 2011
Sigo
Sigo creyendo en los sueños,
sigo creyendo y creyendo,
creyendo en los sueños sigo
y sigo creyendo en ti
y en mi sigo creyendo;
que yo vivo de creer
en los sueños que yo creo,
en los sueños que creo yo
con creador y amante aliento,
que yo sin sueños, mi amor,
¡oh amor, mío,! sin tu sueño,
que es el sueño de mi vida,
no sabría seguir viviendo.
JUAN CERVERA SANCHIS
México D. F., 27 febrero 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
ROMERO EN LA CIUDAD
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Yo no entiendo de autos y mansiones,
de teles y letargos, tan cobardes,
mías son las soleadas, vivas tardes,
en que existen humanas las pasiones.
Yo amo noches de grillos en canciones,
noches de viento luna, en que arde
en efluvios la vida y sin alarde
entra frío Dios en todos los rincones.
Yo soy, con la esperanza acuchillada,
sin hospital, romero, soy romero,
memoria callejera, piedra alada!
Yo me río de la muerte encamorrada,
que vivo muriéndome mientras muero,
amoroso en las calles enrabiadas.
Abraham Peralta Vélez 25 de febrero de 2011, Madrugada.
viernes, 18 de febrero de 2011
HUERTA, EFRAIN, EL GRAN COCODRILO, SU HUMANIDAD, SU POESÍA
Por Juan Cervera Sanchís
De sumergirse en la vida, de vivirla, es decir: de ser vida misma, paso a paso y ser a ser -en sed de libertad y justicia- la poesía de Huerta, Efraín, El Gran Cocodrilo, como fuera también llamado y reconocido, tuvo su origen en Silao, Guanajuato.
Su voz universal, su canto siempre fraternal y solidario, tiene su raíz en lo más humano que hay en el hombre. Pensamos y sentimos que Efraín es, entre los poetas mexicanos de nuestro tiempo, el más preocupado y comprometido con los problemas que acucian, día con día, a nuestra especie contradictoria y desconcertante.
La voz de Huerta, estremecedora y diáfana, es en todo momento hermosamente rebelde y solidariamente hermosa. Espíritu de vanguardia se alza contra las injusticias y persigue como enamorado amante la anhelada libertad:
“Por ella, por la Libertad, afirma, el sonido y el aroma/ recuperan la vida, /la flor su esbelta gracia y la nube su frágil elegancia. / Por la Libertad, todos los días, se derrumba un perfume/ y un hilo de sangre se convierte en el más ancho río de esperanza”.
La elegancia y la rotundidad del verbo de El Gran Cocodrilo quedan manifiestas en su siempre bella poesía y en la libertad de la palabra –su palabra- vive este Efraín, tan nuestro, y a la vez de todos aquellos –sin importar fronteras ni geografías- que nunca han dejado de creer en el hombre como un ser no alienado, y que están convencidos, pese a todos los signos contrarios, que, como el poeta nos dice:
“Todo el día, todos los días un hombre inicia/ un paso hacia la Libertad.”
La libertad con mayúscula, como Efraín en todo instante lo testimonia y afirma. Cantor de la Libertad, cantor del Hombre, no está dispuesto a someterse a ninguna forma de esclavitud. Con Huerta uno cree en la vida y en el destino de la vida nunca jamás como sometimiento. La vida como un acto generoso de amor.
El término libertad aparece con harta frecuencia en sus poemas. Ese vocablo, empero, se escribe una y otra vez con sangre. Jamás es una palabra juego, ya que es, sin dudarlo, una declaración gestada y nacida en la esencialidad del alma y la carne del poeta:
“Son las voces, los brazos y los pies decisivos, / y los rostros perfectos, y los ojos de fuego, y la táctica en vilo de quienes hoy te odian,/ para amarte mañana cuando el alba sea alba/ y no un chorro de insultos, y no ríos de fatigas,/ y no una puerta falsa para huir de rodillas.”
Rotundo, sí, rotundo es el amor en la poesía de Efraín Huerta. Nada de almíbares. Pero eso, ay, eso sí: el amor siempre está ahí, aunque de repente pueda llamarse odio, porque si Huerta llega a odiar algo es en todo momento por amor. Son pues las paradojas del corazón humano. Así en su “Declaración de guerra”, que dedica “A la memoria de Ricardo Flores Magón, muerto en la cárcel por oponerse a una guerra con la Humanidad”.
La dedicatoria en sí es un poema y un retrato del Gran Cocodrilo. Escuchemos:
“¡Heroicos tripulantes del Potrero del Llano,/ astillas de mi patria,/ hojas del gigantesco árbol de mi país;/ del Faja de Oro audaces, valientes camaradas,/ oíd este rumor, este millón de gritos, / esta viril protesta envuelta en llamaradas!”
Efraín Huerta es nuestro mayor poeta epilírico. En su voz de incendio se matrimonian virilmente lo épico y lo lírico. Es, creemos, de los poetas que, el tiempo, al pasar, irá rejuveneciendo. Tiene el don de la contemporaneidad, que es en mucho el de ser joven ayer como hoy. Puede ser erótico, político, lírico, dulce y agrio. Pero siempre es Huerta. Lo es en Kubán o en la Avenida Juárez. Su recia personalidad es de hecho y en el hecho inconfundible:
“El mar de espigas era un mar de manos/ que pedían más aire ansiosamente,/ como unas manos muertas o más vivas que muertas,/ pero terriblemente mar de espigas./ El mar de espigas del Kubán.”
Comparte así la belleza con los cosacos del Kubán. Comparte y comparte Efraín, ya que lo suyo ha sido y es compartir. En “El Tajín” canta:
“Entonces ellos –son mi hijo y amigo- / ascienden la colina/ como en busca del trueno y del relámpago. / Yo descanso a la orilla del abismo, / al pie de un mar de vértigos, ahogado/ en un inmenso río de helechos doloridos./ Puedo cortar el pensamiento con una espiga,/ la voz con un sollozo, o una lágrima...”
En todas partes, este Efraín, tan vivo y tan próximo a todos nosotros, en su poesía, está de par en par abierto y entregado y dándose a manos llenas. No sabe, diría yo, hacer otra cosa. El ser humano es su Norte y su Sur, su Este y su Oeste:
“En el nombre del Hombre, que es la oración más bella...”
Sí, no hay oración más bella que la que protagoniza y proclama nuestra humanidad en mitad de sus constantes contradicciones. La poesía de Huerta, de este Efraín en vilo de horizontes y auroras, tiene mucho de resurrección constante y descansa en el amor. Ahí está su secreto a voces. Un secreto que crece en luz de amante encanto:
“Crece la hierba, el río, y el ala de la garza/ en la mano de Dios que se despide”.
Poeta elegante, cuando quiere serlo, como pocos, y fustigador encolerizado a veces:
“¡Bandoleros de siempre, arrasadores/ de América!/ ¡Pisoteadores de países,/ sangrientos y sanguinario siempre!”
La verdad desnuda y frontal es la regidora de esta honda y alta poesía de Huerta, Efraín, El Gran Cocodrilo, que hiciera su aparición en este mundo el año de 1914 en Silao, Guanajuato, y lo abandonó en la ciudad de México en 1982 donde cantó de esta manera:
“... la Libertad tiene la heroica altura del sueño más
hermoso/ y la sabia profundidad de la más bella música...”
jueves, 17 de febrero de 2011
Dos corazones
palpitan en el vientre
de la madre tierra.
Se rompe el pavimento.
Nace del vientre una vida.
Logra el polvo un cuerpo.
Dos corazones
palpitan en el pecho
enamorado.
El arcoíris
húmedo goza la luz
del rayo solar.
Soy un sueño de la luz
que no recuerda su casa.
El comienzo del iris.
Si también el sol es barro
y la luna también lodo,
luz soy y emana del soñamos.
Coplas del Son Jarocho de Playa Vicente Veracruz
Andaba por las librerías de viejo o del olvido o del tiempo detenido, registrado, pues en sus escaparates hay tantos libros olvidados, tanto tiempo detenido, que no se les puede llamar de otra forma. Aunque ese polvo sea atractivo para unos cuantos solitarios. ¿Qué lector no sueña con tener una librería en dónde perderse y olvidar y recuperar el tiempo perdido?
Pues en los libros de viejo me pierdo cada vez que puedo y compro algún libro que atraiga mi intuición. Esta vez fue Del hilo de mis sentidos, un libro de copleros de Veracruz o, para ser más precisos, del Municipio de Playa Vicente Veracruz. Un pueblo de esencia zapoteca que cultiva el son jarocho. Lo compré por una fuerte nostalgia a la tierra donde sucedió mi infancia. Al hojearlo recordé la canción que llenaba mi niñez de dulces al tocar las puertas con una rama, adornada al gusto, en época de pascua: “naranjas y limas/ limas y limones/ más linda la Virgen/ que todas las flores”.
Así adquirí un hermoso libro de poesía. Jamás he ido a Playa Vicente, pero su esencia me llegó a través de sus coplas. Contiene una reflexiva introducción sobre el son en México y sus repercusiones. Tales como la contracultura del son ante la globalización y la fuerte influencia de la música yanqui. También, yo agregaría, la resistencia –rebelde tradición cultural– lingüística, llena de esencia de cañas y de pájaros, ante la hegemonía del gusto y lengua impuesta de las ciudades industrializadas; sobre el reconocimiento de nuestra identidad, extraviada en la cultura desechable.
El son, en contra de la música-deshecho, y cualquiera sabe a lo que me refiero, es una música que nació del campo para quedarse en la memoria. No en vano, ni para llenarse los bolsillos, nació la música y los versos, sino para cantar, aconsejar y consolar a los hombres, mujeres y niños que las escuchen. Las coplas se transmitían de cantante a cantante y el libro Del hilo de mis sentidos es un testimonio de aquella tradición. Es una transcripción de los intérpretes o memorias vivas, pues todas las coplas impresas en este libro fueron dictadas por jarochos, que vale la pena mencionar:
Don Francisco Ramírez Carbajal, “tío chico” (1901-1990), el hombre que vivió el apogeo del fandango, “con polainas y pistola al cinto, y bailaba sus bambas palmeadas” hasta el amanecer en algún rancho. El hombre que aconseja: “sigan tocando hijo, para que el son sigua siendo vida”.
Don Elías Meléndez Núñez (1922), el hombre adusto, cual pinta su retrato de campesino. El que iba de “fandango en fandango a lomo de bestia” y conservando el “Don que no se le acaba ni con el tiempo ni con la edad”.
Don Higinio Tadeo Balderas, “el negro” (1918), el “gallo matriculado”, el “sobreviviente del desastre natural que fue la inundación del año 1944 en la Candelaria”, el bailarín y respetuoso “negro Tadeo”.
Pues estos hombres son algunos personajes del libro y de la historia de Playa Vicente Veracruz. Y sin más preámbulos, quisiera compartirles algunos versos de este libro cargado de identidad y experiencia. Este libro que contiene coplas para el corazón extraviado.
Del hilo de mis sentidos
ahora les vengo a cantar
a mis amigos les digo
que no puedo improvisar
les canto versos sabidos
que a otro pude agarrar.
Yo no soy de mucha ciencia
pero en el decir me fundo
lo digo con experiencia
no lo dice un moribundo
hay quien no tiene vergüenza.
Ahora sí china del alma
ya no nos condenaremos
se acabaron los infiernos
ya los diablos se murieron.
Al pie de un verdioso olivo
triste mi amor se quejó
yo le pido a mis amigos
que el día que me muera yo,
no me echen al olvido
que me encomienden a Dios.
NACIMIENTO PASCUAS DEL NIÑO DIOS
Para comenzar
permiso les pido
para saludar si
soy recibido.
Naranjas y limas
limas y limones
más linda es la Virgen
que todas las flores.
Si soy recibido
con todo el honor
un poco instruido
daré un pormenor.
Naranjas y limas
limas y limones
más linda es la Virgen
que todas las flores.
Daré un pormenor
y sigo en la veta
Nació el Redentor
gritan los profetas.
Naranjas y limas...
Gritan los porfetas
con mucha alegría
y sigo en la veta
porque hoy es el día....
Denme mi aguinaldo
si me lo han de dar
que la noche es corta
tenemos que andar.
Naranjas y limas...
Desde el otro lado
les puse la proa
para mi aguinaldo
traje una canoa.
Naranjas y limas...
Ya se va la rama
muy agradecida
porque en esta casa
fue bien recibida.
ABRAHAM PERALTA VÉLEZ
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