miércoles, 11 de diciembre de 2013

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Que nazcan los versos
por aquí y por allá.
Que aquí y allá recién nacidos
rían, lloren y griten,
a nalgadazos del lector
que al final los pare
del vientre de la hoja embarazada.
Que nazcan con cesárea
o parto natural
en un lector de guantes, cubre bocas;
en un lector a manos llenas
naturista, sangrantes,
bajo el agua solitaria y profunda.
Que nazcan versos diarios
como mueren almas diariamente.
Que se sientan sangrantes
y puros, recién nacidos.
Que el verso sea capaz
de recién nacer consigo a quien los pare
de su embarazado vientre
y no para el redil
de la erudición y la polilla,
el premio, la feria, y el monumento.
Que recién nazcan cada día.
Que los halle quien se pierda
cuando riega el café
a la vuelta de la esquina de una servilleta.
Que los halle quien se encuentre
con el dolor a solas, expulsado de sí,
derruido en el odio.
Que nadie se quede tumbado en la llaga, arrellanado.
Que nadie absolutamente muera
sin asistir al parto de un verso.
Que nadie muera absolutamente
sin asistir al parto de una estrella.
Que nadie ande muerto por la vida
sino por la muerte misma, vivo.
Que la vida los colme hasta la muerte,
que la vida los mate y no la muerte,
para que la muerte los nazca
y no
los entierre.

Abraham Peralta Vélez 2 de diciembre de 2013


TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

jueves, 5 de diciembre de 2013

Pequeña sinfonía

1.-Aquella hormiga,
¿murió bajo mi pie?
No, sigue viva.
2.-Sabe la muerte
que la vida no sabe
por qué se muere.
3.-La vida sabe
que no sabe la muerte
por qué se nace.
4.-Es un misterio
la vida y es la muerte
un gran misterio.
5.-Hace mil años
que yo ya estaba aquí.
Era yo un árbol.
6.-Pasarán años miles
y aquí estaré yo
en tus raíces.
7.-Las nubes pasan.
Pasan, pasan y pasan
y nada pasa.
8.-Tú no has pasado.
Tú no pasarás nunca.
¡Oh amor amado!
9.-Yo muero y vivo.
Yo vivo, vivo y muero
y muero y vivo.
10.-La hormiga aquella
nació bajo mi pie
y es una estrella.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMENEZ Y RUEDA


Pequeña sinfonía



TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

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Hoy salí a ningún lado y llegué a mí.
Me emborraché de angustia hasta perderme
y reí a carcajadas de locura
mientras era una piedra que pateaba el viento.
Porque entonces no sé, ni sabía,
quién es este a quien tú vives
y a quien yo te entrego como mío
en este cuerpo de sal en que me amargo.
Me habito como tú cuando te miro.
En tu mejilla roza una lágrima mía
y no sabes nombrarme cuando me habitas
aunque me sientas como tuyo.
Me ha vestido un nombre
y esta costumbre flaca de vagar a prisa
en la estentórea calle de la nada
en el centro flamígero de la ciudad de México.
No puedo ir más lejos que la palabra mar
para intentar nombrarme entre mis pliegues de olas.
O flama en que me soy cuando te amo.
No puedo a mí llegar y decirte soy
porque te nombraría cuando diga árbol.
Soy y no soy y no me basta serlo.
Estoy agazapado. Si mi cuerpo te toca,
en el tarro espumoso de esa noche,
un rayo me abre mi cuerpo para llegar a ti
y mi cuerpo es alma y mi alma, cuerpo.
Salgo de mí para llegar a ti y contigo, a mí.
Sin embargo, sucede cuando callo.
Siento el fervor de lo indecible. Lloro
y me desnuda el llanto por completo.
Cae la costumbre idiota y me desviste el nombre
una sola lágrima que abre mi silencio.

Abraham Peralta Vélez 28 de noviembre de 2013


Tierra Húmeda
Abraham Peralta Vélez




TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

domingo, 1 de diciembre de 2013

Mediodía

Yo voy caminando ante mí.
Camino entre mi féretro de hierba
agitado por el viento.
Tiembla la memoria del sol.
Este mediodía me contiene.
El cielo abierto, claro.
Los perros ladran, juegan.
Siento que soy la luz del mediodía
tan claro, que me lleva en su tumba.
En la hojarasca huello mi destino.
Mi fe en una nopalera resiste.
Las hojas caen, lloran,
al vibrar su juventud humana.
Las mariposas se anhelan.
El espacio abre las puertas
al centro de una telaraña de viento
en que soy su moscardón.
Soy este hermano que pasa
ante mí, en la hierba y el viento,
contenido en este mediodía,
hermano de cuanto pisa y respira.
Que cuanto respira anhela,
y lo que anhelan las piedras, anhelo yo.
Yo voy caminando solo, a mediodía,
buscando a Dios, mientras hablo conmigo.
Y al abrir el silencio, que me cierra,
se entreabre una llave de agua
que riega gota a gota la sed.
Hallo mi propio y perdido anhelo
en el cenit del sol,
mientras un indigente duerme
en la sombra de un pino
y mariposas despeinan el nudo de este calor.

Abraham Peralta Vélez 25 de noviembre de 2013







TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

Duele

No es aquel tiempo. No es.
No es este tiempo. No es.
No es el tiempo que vendrá.
Ni es el tiempo que se fue.
¡Ay!. ¡Ay, cómo me duele!
¡Cómo me duele este tiempo
desde que tú ya no estás!
¡Ay, cómo me está doliendo!
Me duele, me duele y duele.
Me duele, amor, este tiempo
de infinita soledad
e infinitamente huérfano;
que no hay mayor orfandad
que ir y venir por el tiempo
sin poderte acariciar
y embriagarme con tus besos.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMENEZ Y RUEDA

De libro CD “CANTARCILLOS 2014



TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

viernes, 29 de noviembre de 2013

HIGUERAS

Danzan las hojas, danzan
las hojas de los árboles,
leves de luz, llorando,
con el cuerpo del viento.

Suena una música de víspera
al desabotonarse las hojas
en el pentagrama del sol.
La enramada llora primavera.

Las ramas parecieran raíz.
Parecieran raíz en su loto
desnudo y en espera
que, inmutable, en otoño,
de su espera se desprende.

Caerán millones de hojas
en su danza de luz, llorando,
para nacer de nuevo, las higueras.

Abraham Peralta Vélez 26 de noviembre de 2013



TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

Haikú

Este gran árbol
es una telaraña
de seda y sol.


Abraham Peralta Vélez



TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma