martes, 10 de enero de 2012

Canción del poetavejero


Abraham Peralta Vélez
Era viajero en la escuela
y me iba, cielos, me iba,
sueño, sueño a la deriva,
tras mi ser, vuela que vuela.
Era el aula que el alma hiela,
y dije: “mamá no quiero
más mi escuela”. “Ahh, fiero,
¿qué serás que te equilibre?”
“Mamá, quiero ser tan libre,
ay, como el poetavejero”.

“¿Quién es ese?”. Y le dije:
“Alguien que en su bolsoverso
cabe entero el universo
en sus formas de alebrije,
como tú, que me acobije”.
Me llevó, nunca lo olvido,
donde mucho había llovido
y era lodo todo lodo.
Entonces fui a mi modo
a la escuela conmovido.

Y más, más poetavejero
quise ser, y pregonar
al mundo aquel lugar
donde nada era certero,
ni el pan, ni el abrigero.
Y más, más mi libremundo
donde era marymundo
entre estrellas como flores
de muchísimos colores
y era todo amor fecundo.

Abraham Peralta Vélez, 6 de enero 2011.

lunes, 9 de enero de 2012

IRSE DE PRONTO

Irse de pronto, regresar sin nada.
Regresar, quizá
con un par de litros de leche,
pan dulce, y un remedo de circunstancias.
Tenderse vacío
escuchar el corazón en el abismo.

Quizá escapa cada noche,
quiere dejarse
quien arrebata el sueño.
Y duerme. El alma quizo.

Irse de nuevo. Andar trabajando,
ya hecho el pan, el colegio y el postre,
estar, sentir
que algo falta en el estómago.

Entonces más,
porque se irrita lo insoportable
que traemos dentro.
Y la tele y al cine y otro postre
y vino y hierba y otro nuevo
cambio de atuendo.
Quizá se deshaga de sí mismo.

Pero aquel, lluvia,
cálido e inmenso yo,
vuelve siempre
extraviado a nosotros
por más que
a golpe de nuevas cosas
lo forcemos perdedizo.

Abraham Peralta Vélez, 4 enero 2011.


PALOMA

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PALOMA

En la plenitud del vuelo,
la rauda y joven paloma,
alegra el azul del cielo.


JUAN CERVERA SANCHIS
9 Enero 2012. México D. F.



viernes, 6 de enero de 2012

HAY VECES en las que me gusta ser viento,
tocarte desde adentro, irme después
para encontrarte,
despeinarte las pestañas.
Y salir de ti en dos suspiros.

Hay veces en las que me gusta ser fuego,
pintarte la piel, hacerte daño
en toda la extensión de la palabra
y herirte los recuerdos.

Hay veces en las que me gusta ser agua,
escaparme de tu tiempo, guardarme las figuras
y limpiarte los deseos, incontenible ser, apagando tu sombra
dejándome beber.

Hay veces en las que me gusta ser tierra, dejarte nacer,
ensuciarte las ideas, tocarte siempre las plantas de los pies,
hacerte tropiezos y marañas. De lodo construirte
para adorarte un rato y enterrarte luego.

Gabriela Jimenez

viernes, 23 de diciembre de 2011

YO NO ENTIENDO CÓMO

Yo no entiendo còmo,
Abraham Peralta Vèlez
de dónde, qué inconcebible cuándo.
Es que nos vamos yendo,
menguamos, ajenos
de hacia dónde, por fin, vamos.

He observado alguna
semilla,
              y después de estar llorándole
surge, desplumado, el vuelo.

Pero por qué,
                      me habla, tan recién
y distante, de hallazgos
en parroquias áridas, barrocas,
de ruegos y de errores.

Es que todo nace de otros millones
de caminos perdidos.
Yo no entiendo por qué
algo que era tan del fruto, tan suyo,
será mi sangre,
y sin ello, esto, ya tanto mío,
no podría ser, es que lo necesito.

Extrañamente
si nos abandonamos,
si algo llueve, si el polén,
si lloramos, si más allá del límite
nuestro, somos,
                           sin ser
en nosotros, sino en el corazón
del que está yéndose contigo.

Entonces si algo
que no entiendo, y vivo,
es el amor que nos está creando.
Y, más allá de uno mismo, la esperanza
de amado, ser.

Abraham Peralta Vélez, 22 de dic. 2011.

MÀS ALLÀ


Más allá de estos días
y estas  noches.
Más allá de esta tierra
y este sol.
Más allá de estas nubes
y esta lluvia.
Más allá del jardín
y el ruiseñor.
Más  allá de estos ríos
y estos mares.
Más allá del aroma
y de la flor.
Más allá de esta vida
y  esta muerte
y más  allá  del frío
y del calor.
Mas nunca, nunca,
amada mía
más allá de tus brazos
y el fuego de tu amor.

  JUAN CERVERA SANCHIS
  México D. F.  23 Diciembre 2011

BELLEZA Y SABIDURÌA DE LA NATURALEZA. (EN NIDO ABANDONADO)

Con la luz del alba otoñal, ha partido ya uno de los pequeños (presto a polinizar). El día anterior descubrieron que ya no cabían en casa. Esa fue la primera señal. Al medio día, comienza el ensayo de aleteo del más polluelo, hasta alcanzar setenta por segundo; mientras mamá chuparrosa (rutilante verde mar) lleva el néctar-combustible suficiente.


Un poco más tarde, cuando volvemos a ver, ya no se encuentra en el nido: la libélula troquílida ha volado (atraída por el amor de las flores).
Minutos después, entre las ramas del viejo fresno escuchamos un zumbido, ¡trr-trr-trr!: es ella sorprendida al ver el nido vacío. Tácticamente se aleja para luego volver y posarse junto al nido como lo hacía para alimentarlos.

Así permanece unos instantes eternos, en la diminuta rama ante el nido abandonado.


"Yo soy el colibrí si tu me quieres,
mi pasión es el torrente y tú la flor".

(canción popular, cantada por Caíto, poseído de ella)

Zenaido Velàzquez Fuentes