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jueves, 31 de octubre de 2013

Lectura poética de la semana: San Francisco de Asís

Pues es dando que recibimos, perdonando que se nos perdona, muriendo como nacemos a la vida eterna.

San Francisco de Asís

San Francisco de Asís


TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

viernes, 25 de octubre de 2013

Lectura poética de la semana: Amor Budismo

Nunca deja el odio de existir mediante el odio; el odio cesa con el amor: es una ley eterna.
Budismo 500 a. C.
Juan Mascaró, Lámparas de Fuego, Editorial Diana, Tradición Sagrada de la Humanidad, 1972.

TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

miércoles, 31 de julio de 2013

Lectura poética de la semana: El bosque de León Felipe, Periódico: ABC, autor: Manuel Alvar

Un día como hoy, 31 de julio, el embajador Shimshon Arad, en 1967, hizo entrega a León Felipe de un bosque plantado en Israel con su nombre. En el cual dejó escrito, León Felipe, en el primer árbol, las siguientes palabras:

ISRAEL, TIENES LA MEJOR COLECCIÓN DE LÁGRIMAS DEL MUNDO

Manuel Alvar de la Real Academia Española escribió en el Diario ABC:


El bosque de León Felipe, Manuel Alvar, ABC

PARA DESCARGAR Y LEER EL PDF: El bosque de León Felipe, Diario ABC


TieRRa HúMEda Poesía para que florezca el alma

lunes, 24 de junio de 2013

Lectura poética de la semana: Rabindranath Tagore, El esqueleto

Yace, blanqueándose sobre la yerba, el esqueleto de una bestia.
Sus secos huesos blancos -encallecida risa del Tiempo-
me gritan:
Tu fin, hombre soberbio, es el mismo
que el del ganado que no pasta más,
cuando hasta la última gota de vino de tu vida se haya derramado
la copa es arrojada con absoluta indiferencia.
Y yo grito en respuesta:
Mi vida no es sólo aquella que paga
su lecho y su alimento
con sus huesos en bancarrota, y luego es sustituida.
Jamás podrán mis días mortales contener del todo
cuanto pensé y sentí, gané y di,
escuché y expresé.
¿Acaso fue para detenerse al fin, para siempre,
en un confín de huesos desmoronados,
que a menudo mi mente traspuso los límites del Tiempo?
La carne y la sangre nunca podrán ser la medida
de la verdad que soy yo mismo;
los días y los instantes no pueden desgastarla
a pesar de sus coces;
el polvo, salteador del camino, no se atreve a despojarla
de todas sus posesiones.
Muerte, me niego a aceptar que tú
no me consideres más que una gigantesca burla de Dios
una vacía aniquilación construida con todo
el poder del infinito.
No me incites a cargar mi nave con esta deuda,
permíteme alejarme con las manos vacías,
no sea que el precio de amor que temerariamente pagas
revele la pobreza de mi corazón.
No puedo sino amontonar en tu vida los rotos fragmentos de mi pena
y mantenerte despierta en la noche con el lamento de mis sueños solitarios.
Es mejor que permanezca en silencio.
Mientras recorría mi solitario camino
te encontré en la penumbra del atardecer.
Casi te pedí que me tomaras de la mano
pero al mirar tu rostro tuve miedo.
Vi allí el resplandor de un fuego que yacía
dormido en el fondo del oscuro silencio de tu corazón.
Si en mi delirio lo incendiara
sólo podría arrojar una trémula luz al borde de mi vacío.
No sé que sacrificio
ofrecer al sagrado fuego de tu amor.
Inclino mi cabeza y me arrastro hacia mi estéril fin
alimentado por el recuerdo de nuestro encuentro.

Rabindranath Tagore, "El esqueleto", traducción de Alberto Guirri, en Poesías escogidas, Ediciones Ateneo, México, D.F., 1970, pp. 95-96.



Tierra Húmeda
Rabindranath Tagore  TieRRa HúMEda

viernes, 14 de junio de 2013

Lectura poética de la semana, Otto-Raúl González, "Amor" de El templo de los jagures

Amor

Porque el amor es necesario como
también la noche es necesaria al día
porque sin noche el hombre no sabría
que debe abrirse el día como un pomo

Porque el amor es el primer asomo
del sol que llegará hasta el mediodía
para luego caer en la vacía
solemnidad del impasible plomo

Porque el amor es alto salto al mundo
suspiro girasol y puñalada
agua donde yo mismo me contemplo

Porque el amor es un fugaz segundo
pleno de eternidad lleno de nada
Todo eso fulge inscrito en este templo.

Otto-Raúl González



Tierra Húmeda
Otto-Raúl González  TiERRa HúMeda

martes, 28 de mayo de 2013

Lectura poética de la semana: Soneto, Francisco Luis Bernández

Vino la vida para que la muerte
dejara de vivir en nuestra vida
y para que lo que antes era vida
fuera más muerte que la misma muerte.

Vino la vida para que la vida
pudiera darnos vida con su muerte,
y para que lo que antes era muerte,
fuera más vida que la misma vida.

Desde entonces la vida es tanta vida
y la muerte de ayer tan poca muerte
que si la vida le faltara vida,

y nuestra muerte le sobrara muerte,
con esta vida nos daría vida
para dar muerte al resto de la muerte.

Francisco Luis Bernárdez 
(1900-1970) Argentina, Buenos Aires.


Artl, Francisco Luis Bernández y Roberto Ledesma
Tierra Húmeda

lunes, 13 de mayo de 2013

Lectura poética de la semana: Fragmento de El luto humano de José Revueltas

Ante la muerte, se reúnen los hombres para el luto. Se congregan aun más que en el nacimiento. Llegan a la muerte. Ignotos se acercan, hermanos se acercan, se congregan al luto humano. Se emborrachan, se rompen solitariamente. Se originan nuevos lazos. Porque se ha quebrado una fuerza más, un cuerpo y un espíritu que implicaba una unión, una prórroga de la usanza de otros tiempos. Se ha quebrado un violento deber ser y se conserva lo imposible de exhumar, aunque nos castigue, aunque nos enferme.  
Ante la muerte, la resignación alumbra los despojos de la materia. Una esperanza trágica, mística, pura, nos llena de dignidad la vida. Porque alguien muere, nos sabemos más vivos que nunca. Ante el muro del muerto, de la muerte que nos paraliza, del más allá indecible, reventamos la idea y derrumbamos el muro, locos de eternidad, de sentido y de milagro. Una estrella, el mar, o el polvo, nos sumergen en la esperanza de que la muerte, el juicio inevitable, no es más que una purificación de la vida, un des-hacernos...


Después de esta nota introductoria, quisiera compartir con ustedes el fragmento de El luto humano, de José Revueltas, que motivó mis prontas reflexiones.

VIII
Se abandona la vida y un sentimiento indefinible de resignación ansiosa impulsa a mirar todo con ojos detenidos y fervientes, y cobran las cosas su humanidad y un calor de pasos, de huellas habitadas. No está solo el mundo, sino que lo ocupa el hombre. Tiene sentido su extensión y cuanto la cubre, las estrellas, los animales, el árbol. Hay que detenerse, una de esas noches plenas, para mover el rostro hacia el cielo: aquella constelación, aquel planeta solitario, toda esta materia sinfónica que vibra, ordenada y rigurosa, ¿tendría algún significado si no hubiesen ojos para mirarla, ojos, simplemente de animal o de hombre, desde cualquier punto, desde aquí o desde Urano? Se abandona la vida y una esperanza, un júbilo secreto dice palabras, nociones universales: esto de hoy, la muerte, una eternidad... Existo y me lo comunican mi cuerpo y mi espíritu, que van a dejar de existir;  he participado del milagro indecible, he pertenecido. Fui parte y factor, y el vivir me otorgó una dignidad inmaculada, semejante a la que puede tener la estrella, el mar o la nebulosa. Si tarde lo entiendo, este minuto en que se me ha revelado es lo más solemne y lo más grande; inclino la cabeza sobre el pecho; mi corazón es una bandera purísima.

El luto humano, José Revueltas. Tierra Húmeda

 
José Revueltas, Lecumberri. Tierra Húmeda.

jueves, 18 de abril de 2013

Proverbios, citas, dimes y diretes

"En el universo como economía, cada ser viviente es un mundo de acción centrípeta. En el universo como caridad cada ser moral es un punto de acción centrífuga".

"No hay óptica para ciegos ni acústica para sordos, ni moral ni religión para egoístas"

"La vida dice: no des lo tuyo. La razón dice: darlo es imbécil. El Bien dice: da lo que te pide tu egoísmo, porque tu razón no descubre tu verdadero ser profundo, tu real personalidad autónoma, emancipada de la vida biológica y de la razón".

Antonio Caso, La existencia como caridad.

http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Caso
Antonio Caso Andrade (19 de diciembre de 1883 - 6 de marzo de 1946). Filósofo mexicano. Fue rector de la entonces llamada Universidad Nacional de México de diciembre de 1921 a agosto de 1923. Junto con José Vasconcelos, fundó el Ateneo de la Juventud, grupo humanista opuesto a la filosofía positivista imperante en la época. La generación del Ateneo había roto con la filosofía de Augusto Comte y de Herbert Spencer, acudiendo, entre otros, a Henri Bergson, Arthur Schopenhauer, Nietzsche y José Enrique Rodó. Contra el racionalismo imperante, los ateneístas creían en un ser humano moral, voluntarioso y espiritual.

Antonio Caso

miércoles, 3 de abril de 2013

Lectura poética de la semana: Gilberto Rod y su breviario sobre los viajes

Gilberto Rod (1912-1990?) de Zacatecas se ha convertido en uno de mis escritores predilectos, porque su sabiduría cabe en mi bolsillo mientras voy de un lado a otro en mi sendero.

Hoy les comparto una selección de sus aforismos del libro Caminos del colibrí, que trata sobre los viajes, el turista y el paisaje. Ojalá alguno lo guarden para su próxima salida.

De
Caminos del colibrí, de Gilberto Rod:

Viajar es barajar paisajes, para provocar la fuga de la monotonía.

Viajero de la vida: costal lleno de deseos.

Si llegas a la conclusión de que la vida es un gran hotel, y tú el turista, paga con alegría el precio de vivir, y vete.

Los hoteles tienen destino de fosa común: se vacían y se llenan.

¡Viajeros!: El tren de la vida se detiene en el crucero de la esperanza.

El hombre es un racimo de anhelos, a veces se enamora de ellos la muerte y, se los lleva todos.

Cuando el descanso del hombre degenera en ocio, ello es como un tributo a la muerte de las cosas.

El bolsillo es democrático hotel donde pernoctan toda clase de golondrinas bancarias.

Viajero: no mires hacia el pasado, porque el pasado es de los muertos.

El más elegante hotel tiene distribución de cementerio egipcio.

Viajero: llena la alcancía de tu cráneo con las verdes horas de los caminos.

El dinero tiene destino prófugo, frecuentemente cambia de hotel.

La vejez no debiera ir a las playas, ni la juventud a los conventos.

Hay quien gasta su fortuna coleccionando ciudades en un álbum y, congestionando sus baúles de curiosidades extranjeras.

¡Turistas, compradores de lejanías!

Ese viaje del hombre en que no lleva equipaje ni boleto, ni pasaporte, lo otorga gratuitamente la vida. Mudanza forzosa en la que interviene el tiempo y la tierra.

Hay nubes turistas sobre el cráneo de las ciudades.

Sería irreverente decir que los hoteleros son los mercaderes de la hospitalidad.

Cada cuarto de hotel forma capítulos de la novela inconclusa.

Las fronteras, como los idiomas, son testimonios de egoísmo de la especie humana.

Viajemos bajo el hueco de las alas de la libertad.

La curiosidad es madre del turismo.

Muchos ociosos elegantes exhiben la parálisis de su pensamiento.

El turista es un exhumador de las causas olvidadas; su presencia es elogio de ayer.

Hay turistas que forman su cultura pepenando confetis del camino.

Un paisaje nos invita a la meditación y, una sinuosa mujer al desasosiego.

El turista tiene la felicidad de no poseer imaginación, por eso se deja conducir obedientemente en los mercados del paisaje.

Muchos ociosos elegantes sólo conocen el sudor en los puertos marítimos.


Desnudo barroco, de Germán Gedovius





Un paisaje nos invita a la meditación y, una sinuosa mujer al desasosiego.
Gilberto Rod





lunes, 18 de marzo de 2013

Lectura poética de la semana: Kabir y la sabiduría

Cambió el clima. Llueve. ¡Qué dicha sentirse vivo! Descubro lo que permanecía obstinado en su rincón: mi cuerpo, los pájaros, el olor, mis huellas recién humedecidas... Hoy me descubro, por la lluvia, vivo; por la lluvia, mi pensamiento vivo.

Hoy, con esta lluvia, paladeé el significado de la sabiduría y la poesía, porque la la verdadera poesía nos invita a desnudar la luz, nos entreabre un saber intuitivo. Nunca nos deja la puerta abierta, vacila, sospecha, y por vacilar en su eterna víspera, emociona y entusiasma o angustia y entristece. He aquí el verdadera seducción: la invitación a la luz, no la luz misma, sino el roce de lo absoluto de la luz.

La sabiduría supera toda estética, es en sí una estética, un estilo, una poética, una conquista de la forma. La sabiduría es poesía. Un poema que no suponga nada, aunque su forma sea oropel métrico, sino dice nada no sirve para nada. Es un mero lujo, una simple joya de anaquel para señoritos, una exclusividad pura para entendidos.

Alguna vez escuché a un hombre en una cantina decirle a un cursilón: "No hay que ponerle, señor romántico, maquillaje  a las rosas, ellas solas dicen". Quizá la poesía sin ambages no sea la más atractiva para los estudiosos de la literatura, ni para las instituciones subsidiarias, pero será cierta y pulsante, vivificante y verdadera.

Kabir con su poema enamorado nos enseña la lección: no busques más alajas, tu palabra desnuda, como tu cuerpo, es suficiente y hermosa. Sus alegorías y sus metáforas descubren un saber íntimo, oculto en la naturaleza y en nosotros mismos. Su estética expresa sabiduría musical. Si su poesía ha prevalecido, no ha sido por su estructura estética propiamente, o, mejor dicho, además de ella, ha sido por su profundo saber sobre la vida que somos, sobre el camino que buscamos. 


No vayas en pos del jardín florido;
¡oh, amigo!, no vayas en pos de él. 
En tu cuerpo florece el más glorioso de los jardines.

Toma tu asiento sobre el loto de mil de pétalos 
de ahí contempla la Belleza infinita.

KABIR


miércoles, 13 de marzo de 2013

Lectura poética de la semana: Juan Ramón Jiménez, Eternidades

Juan Ramón Jiménez
El libro Eternidades, de Juan Ramón Jiménez, ha sido, para mí, un regalo celestial, desde que lo encontré en alguna librería de viejo. Con él juego siempre y he invitado a mis amigos a su fortuna: abre una página al azar y llévate un poema, como el pajarito de la suerte o las galletas chinas: nunca sabes tu destino, pero está escrito y resplandece encerrado en las Eternidades.

Este libro, Eternidades, de Juan Ramón Jiménez, contiene precisión, síntesis, elegancia y sabiduría, aposturas que distinguieron siempre a este poeta andaluz. Si algo nos enseñó, sería su actitud infatigable para encontrar la expresión pura, sin requiebros emotivos, ni versos arrítmicos, ni gimoteos propagandísticos..., con plena autoridad y empeño sobre su escrito.

Eternidades se puede comenzar desde cualquier sitio, y mejor abrirlo así y llevarnos el encanto del azar. Hoy me tocó abrirlo en la página 103 con el poema XCI llamado "Canción".

XCI
CANCIÓN 
Me colmó el sol del poniente
                          el corazón de onzas doradas.
                          Me levanté, por la noche,
                          a verlas. ¡No valían nada!

                          De onzas de plata, la luna
                          de madrugada llenó mi alma.
                          Cerré mi puerta, en el día,
                          por verlas. ¡No valían nada! 


 JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

martes, 5 de marzo de 2013

Lectura poética de la semana: I'm co-ming, Virginia, y el capítulo 10 de Rayuela de Julio Cortazar





Capítulo 10

    Las nubes aplastadas y rojas sobre el barrio latino de noche, el aire húmedo con todavía algunas gotas de agua que un viento desganado tiraba contra la ventana malamente iluminada, los vidrios sucios, uno de ellos roto y arreglado con un pedazo de esparadrapo rosa. Más arriba, debajo de las canaletas de plomo, dormirían las palomas también de plomo, metidas en sí mismas, ejemplarmente antigárgolas. Protegido por la ventana el paralelepípedo musgoso oliente a vodka y a velas de cera, a ropa mojada y a restos de guiso, vago taller de Babs ceramista y de Ronald músico, sede del Club, sillas de caña, reposeras desteñidas, pedazos de lápices y alambre por el suelo, lechuza embalsamada con la mitad de la cabeza podrida, un tema vulgar, mal tocado, un disco viejo con un áspero fondo de púa, un raspar crujir crepitar incesantes, un saxo lamentable que en alguna noche del 28 ó 29 había tocado como con miedo de perderse, sostenido por una percusión de colegio de señoritas, un piano cualquiera. Pero después venía una guitarra incisiva que parecía anunciar el paso a otra cosa, y de pronto (Ronald los había prevenido alzando el dedo) una corneta se desgajó del resto y dejó caer las dos primeras notas del tema, apoyándose en ellas como en un trampolín. Bix dio el salto en pleno corazón, el claro dibujo se inscribió en el silencio con un lujo de zarpazo. Dos muertos se batían fraternalmente, ovillándose y desentendiéndose. Bix y Eddie Lang (que se llamaba Salvatore Massaro) jugaban con la pelota I'm coming, Virginia, y dónde estaría enterrado Bix, pensó Oliveira, y dónde Eddie Lang, a cuántas millas una de otra sus dos nadas que en una noche futura de París se batían guitarra contra corneta, gin contra mala suerte, el jazz.
— Se está bien aquí. Hace calor, está oscuro.
— Bix, qué loco formidable. Poné Jazz me Blues, viejo.
— La influencia de la técnica en el arte —dijo Ronald metiendo las manos en una pila de discos, mirando vagamente las etiquetas—. Estos tipos de antes del long play tenían menos de tres minutos para tocar. Ahora te viene un pajarraco como Stan Getz y se te planta veinticinco minutos delate del micrófono, puede soltarse a gusto, dar lo mejor que tiene. El pobre Bix se tenía que arreglar con un coro y gracias, apenas entraban en calor zás, se acabó. Lo que habría rabiado cuando grababan discos.
— No tanto —dijo Perico—. Era como hacer sonetos en vez de odas, y eso que yo de esas pajoterías no entiendo nada. Vengo porque estoy cansado de leer en mi cuarto un estudio de Julián Marías que no termina nunca.

jueves, 21 de febrero de 2013

Lectura poetica de la semana: "Hoy como nunca..." de Ramón López Velarde

Este poema, "Hoy como nunca...", de Ramón López Velarde, es un duelo. Una presencia dolorosa, entre el amor y la tristeza, que, a través de su pasión, nos consuela. Y nos embarga hasta el llanto. Sentimos un alma verdaderamente religiosa, conmovida por el "quebradizo vaso" de nuestro cuerpo. Un duelo, en fin, y no resuelto, llevado con la técnica precisa de la palabra domeñada; de la conmoción esgrimida con arte.


A Enrique González Martínez

Hoy, como nunca, me enamoras y me entristeces;
si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave
nuestras dos lobregueces.

Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida;
pero ya tu garganta sólo es una sufrida
blancura, que se asfixia bajo toses y toses,
y toda tú una epístola de rasgos moribundos
colmada de dramáticos adioses.

Hoy, como nunca, es venerable tu esencia
y quebradizo el vaso de tu cuerpo,
y sólo puedes darme la exquisita dolencia
de un reloj de agonías, cuyo tic-tac nos marca
el minuto de hielo en que los pies que amamos
han de pisar el hielo de la fúnebre barca.

Yo estoy en la ribera y te miro embarcarte:
huyes por el río sordo, y en mi alma destilas
el clima de esas tardes de ventisca y de polvo
en las que doblan solas las esquilas.

Mi espíritu es un paño de ánimas, un paño
de ánimas de iglesia siempre menesterosa;
es un paño de ánimas goteando de cera,
hollado y roto por la grey astrosa.

No soy más que una nave de parroquia en penuria,
nave en que se celebran eternos funerales,
porque una lluvia terca no permite
sacar el ataúd a las calles rurales.

Fuera de mí, la lluvia; dentro de mí, el clamor
cavernoso y creciente de un salmista;
mi conciencia, mojada por el hisopo, es un
ciprés que en una huerta conventual se contrista.

Ya mi lluvia es diluvio, y no miraré el rayo
del sol sobre mi arca, porque ha de quedar roto
mi corazón la noche cuadragésima;
no guardaba mis pupilas ni un matiz remoto
de la lumbre solar que tostó mis espigas;
mi vida sólo es una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas.

c.1917 
Ramón López Velarde
Ramón López Velarde


lunes, 28 de enero de 2013

Lectura poética de la semana: Jaime Torres Bodet, La balsa de la "Medusa", Géricault

El diplomático y poeta, Jaime Torres Bodet, encandiló mis pasos al ensueño, con su comentario al cuadro romántico La balsa de la "Medusa" de Géricault, en su texto "Misión de los escritores". Sin más que decir, les comparto la reflexión de esta semana. Gozadlo, pues.


"La Medusa fue una fragata que encalló el 2 de julio de 1816. Ciento cuarenta y nueve pasajeros construyeron una gran balsa con las maderas del barco inútil y, por espacio de doce días, se empeñaron en luchar contra la tormenta. Al término de aquel lapso, ciento treinta y cuatro náufragos habían perecido. Los quince restantes lograron ser rescatados tras de múltiples accidentes.

[...]

Dos figuras sobresalen: la de un adolescente de pie que hace con un trozo de tela blanca señales desesperadas en el vacío y la de un hombre sentado, de espaldas a esa promesa.

[...]

Pienso que nuestra civilización se halla, ahora, como la balsa en la Medusa. Un mar encrespado la envuelve. Un cielo tenebroso la cubre. Muchos son los viajeros que no han podido resistir a las tempestades atravesadas. Sin embargo, la ilusión de llegar continúa enhiesta. Y, en cada uno de nosotros, hay un hombre que reflexiona y otro que espera. Uno, que agita al aire la banderola de sus ensueños. Y otro que busca, en la estela sangrienta, la explicación del pasado y, acaso, el consejo del porvenir.

Aisladamente, uno y otro resultarían truncos, incomprensibles. El que espera, espera con deseo próximo al frenesí. Y el que reflexiona se opone inconscientemente a la realidad. Pero, juntos, ¡qué significación elocuente tienen sus actitudes! Y ¡cómo nos enseñan que, en los desastres, el equilibrio del alma consiste en una mezcla sensata de pensamiento y de inspiración!

En nuestro tiempo, ambas categorías son necesarias e indispensables. El mundo está en crisis. Un desquiciamiento total siembra la duda y el desencanto hasta en los más intrépidos corazones. No obstante, una voz nos dice que, más pronto o más tarde, volveremos a pisar esa tierra firme en la que edificaremos una nueva época, de justicia, de paz y de dignidad". 

Jaime Torres Bodet

La balsa de la Medusa, de Gericault















jueves, 24 de enero de 2013

Lectura poética de la semana: Sensemayá, Nicolás Guillén, música y danza

En el arte, el significado no sólo es contenido, sino forma. El verso, la música, la danza, como una culebra, nos impactan con su forma, sin entender bien el estremecimiento que nos cautiva y nos mantiene alerta, atentos a sus vaivenes.

En el Sensemayá la forma es completo contenido. El rasgo físico expresa la continuación de la raza, del "rasgo definitivo del hombre", como diría Nicolás Guillén. 

El alma traspasada al cuerpo de la palabra balbuceante. Palabra, música y danza, Sensemayá. Que lo disfruten. 

Abraham Peralta Vélez 

SENSEMAYÁ
Nicolás Guillén
(Canto para matar a una culebra)
¡Mayombe--bombe--mayombé!
¡Mayombe—bombe--mayombé!
¡Mayombe--bombe--mayombé!

La culebra tiene los ojos de vidrio;
la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un pato,
con sus ojos de vidrio.
La culebra camina sin patas;
la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.

¡Mayombe—bombe--mayombé!
¡Mayombe--bombe--mayombé!
¡Mayombe—bombe--mayombé!

Tú le das con el hacha, y se muere:
¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!

Sensemayá, la culebra,
sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá ...

¡La culebra muerta no puede comer;
la culebra muerta no puede silbar;
no puede caminar,
no puede correr!
¡La culebra muerta no puede mirar;
la culebra muerta no puede beber;
no puede respirar,
no puede morder!

¡Mayombe—bombe--mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe--bombe--mayombé!
Sensemayá, no se mueve…
¡Mayombe—bombe--mayombé!
Sensemayaá, la culebra…
¡Mayombe—bombe--mayombé!
Sensemayá, se murió!



jueves, 17 de enero de 2013

Poeta nacido en el mes de enero: Otto-Raúl González

Poeta de Guatemala, Otto-Raúl González nació el 1 de enero de 1921 y falleció en México el 23 de junio de 2007. Biografría de Otto-Raúl Gonzalez

Un poema de Diez colores nuevos (1967):

DUNIA

Dunias son las sonrisas que intercambian,
bobalicones, los enamorados,
dunia es la flor que no se mira nunca,
y es dunia también la primera sonrisa
de un recién nacido.

Dunia es el color de todo lo inmaterial,
es el color de la ausencia,
el color de los adioses
y el color con que la música y la poesía
se presentan cuando echan la casa por la ventana.
La piel de un potrillo o de un becerro
de tres días es un dunia intenso,
lo mismo que las perlas en embrión,
las estrellas que no se ven desde la Tierra,
los pétalos no abiertos de las flores
y los ojos de los niños que duermen
en el claustro materno.

Lo no tocado todavía es dunia,
como la atmósfera de los espejismos
y las plumas de los pájaros
que oímos cantar, pero no vemos.

Los lagos y los ríos que nadie ha descubierto,
en estas selvas vírgenes de América
agitan aguas dunias
que dejarán de serlo en cuanto sean vistas.

Dunia... Dunia... Dunia...

Otto-Raúl González, en Alforja, Revista de Poesía, Núm. 41, México D.F., Verano 2007, p.64.

Otto-Raúl Gonzales




jueves, 10 de enero de 2013

Lectura poética de la semana: "A orillas del Duero", de Antonio Machado

Hoy comienzo una intensión nueva: escribir sobre un poema, cada semana. Porque la poesía, con reflexión y sentimiento, ¡llena las horas de pródigos saberes!
   Qué mejor manera de comenzar este propósito, que con el bueno, en el buen sentido de la palabra, de Don Antonio Machado, nacido en Sevilla el 26 de julio de 1875 y muerto en Colliere el 22 de febrero de 1939; y su poema "A orillas del Duero".

Releo y descubro, a Don Antonio Machado, sabio y emocionante de nuevo. Siempre atesoro, en el corazón de mi memoria, varios de sus versos y esto expresa mi mejor homenaje. Nada de panderetas, mi homenaje late en la memoria y la reflexión personal, íntima.  
   "A orillas del Duero" pertenece al libro, Campos de Castilla (1907-1917), escrito en la madurez y en la pena, porque había muerto su primer y gran amor: Leonor Izquierdo Cuevas; aunque esta es leña de otro fuego, subyacente a la serenidad triste, que caracteriza el ánimo de Campos de Castilla.
   El poema, "A orillas del Duero", abarca distintas preocupaciones: el yo y el paisaje; la historia y el tiempo: el ser del presente, el ser del pasado y el ser futuro, aunado narrativamente, porque "canto y cuento es la poesía"; y, más que esto, un corazón en espera, que no deja de latir jamás. 
  En "A orillas del Duero" el poeta mezcló latinismos y arabismos, como "cayado", "hollar", "espliego" -del latín-; "alcor", "barbacana" -del árabe-; el mestizaje esencial de la lengua castellana. Don Machado mostró un refinado uso de nuestra lengua, la embelleció, la llevo a la síntesis y a la hondura de la idea, desdeñoso del mamotreto y la presunción hueca.
   El poeta, entonces, "A orillas del Duero" subía por el pedregal, ensimismado.
         Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
      Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
      buscando los recodos de sombra, lentamente.
      A trechos me paraba para enjugar mi frente
      y dar algún respiro al pecho jadeante;
      o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
      y hacia la mano diestra vencido y apoyado
      en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
      trepaba por los cerros que habitan las rapaces
      aves de altura, hollando las hierbas montaraces
      de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—. 
      Sobre los agrios campos caía un sol de fuego. 


   Don Antonio Machado sabía que "el que habla consigo, quiere hablar con Dios un día". El "yo, solo", habla con la transparencia de Dios entre el paisaje; no dice nada, sino va silencioso, "a guisa de pastoril cayado"; deja hablar al paisaje. No hay, si quiera, el pincelazo de una opinión. El paisaje es, abraza al solitario y lo hace suyo, ya son uno mismo el poeta y el paisaje. 
   El pasado se hace presente, el yo, habla de otro yo. El poeta narra sobre sí mismo: "yo, solo [...] subía [...] me paraba para enjugar..."; el verbo aclara toda duda. Quien se recuerda, observa un espejo de fantasía. La emoción presente de quien recuerda impregna el pasado, un velo "agrio" empaña la descripción, un velo de ilusión mítica.

                  Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
       cruzaba solitario el puro azul del cielo.
       Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo, 
       y una redonda loma cual recamado escudo,
       y cárdenos alcores sobre la parda tierra 
       —harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
       las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
       para formar la corva ballesta de un arquero
       en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
       hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
       Veía el horizonte cerrado por colinas
       oscuras, coronadas de robles y de encinas;
       desnudos peñascales, algún humilde prado
       donde el merino pace y el toro, arrodillado
       sobre la hierba, rumia; las márgenes de río
       lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
       y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
       ¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—,
       cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
       de piedra ensombrecerse las aguas plateadas 

       del Duero.

   El yo vuelve a ser embebido por el paisaje. El entorno descriptivo se encuentra en un primer plano narrativo. Da la sensación del sueño penetrante: ¿se estuvo o se es invento? El "buitre" "solitario" en el "puro azul del cielo" parece un parangón del poeta, solo, capaz de adentrarse sin estar, estar sino volando. La distancia, de aquella orilla del Duero, se hace presente en el recuerdo. 
   Y habla, de soslayo, sobre una antigua Castilla guerrera: "el recamado escudo"; el "arnés de guerra"; la "ballesta"; la "barbacana"; aunque regada y harapienta. El paisaje nos habla, junto al poeta, de un pasado majestuoso, ahora perdido en los recodos del camino.
    A la distancia, empequeñecidos, los hombres, el ser de España. Como quien ha perdido importancia, majestuosidad en el cuadro. "Los pasajeros" del hoy, ante el ayer majestuoso, ante la serrezuela imponente, se convierten en diminutas criaturas. El hombre es apenas un movimiento nimio en la historia de España y del mundo. Lo petrifica y agiganta el poeta con su canto.
  
          El Duero cruza el corazón de roble
      de Iberia y de Castilla.
      ¡Oh, tierra triste y noble,
      la de los altos llanos y yermos y roquedas,
      de campos sin arados, regatos ni arboledas;
      decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
      y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
      que aún van, abandonando el mortecino hogar,
      como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
      Castilla miserable, ayer dominadora,
      envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
      ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
      recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
      Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
      cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
      ¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
      de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.


   Iberia y Castilla, es decir, origen; ya ajado y palurdo. El ser del presente muestra su oquedad de espíritu y de materia. Sin arado, sin mesones, y sin danzas ni canciones. Nada va, sino es llevado por el río, como las piedras desganadas, hacia la mar, "que es el morir", ya dicho por el poeta Jorge Manrique, autor predilecto de Don Machado.
  "Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora". Duele, todavía, en esta tierras mexicanas, tal desprecio de la ignorancia. La ignorancia vestida de orgullo andrajoso y vano. La ignorancia despreciativa y sabedora, que no busca más allá de sí misma, porque cree que lo sabe todo; la ignorancia absolutista, la que se extravía en su propia torpeza, la que choca con el muro, impotente, ignorante del subsuelo del ayer, donde existen dominios que le ayudarían a salir de su miseria.
    "Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; / cambian la mar y el monte y el ojo que los mira".  El tiempo, aquí, no es una abstracción, sino un hecho cargado de emoción. La poesía tiene el don, como el don de Don Antonio Machado, de vitalizar lo que podría ser un razonamiento helado, de "vivenciar" el pensamiento. El tiempo pasa en el pulso de las cosas, en el latido de los hombres, basta salir al pedregal de las horas.

               La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
      madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
      Castilla no es aquella tan generosa un día,
      cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
      ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
      a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
      o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, 
      pedía la conquista de los inmensos ríos
      indianos a la corte, la madre de soldados,
      guerreros y adalides que han de tornar, cargados
      de plata y oro, a España, en regios galeones,
      para la presa cuervos, para la lid leones.
      Filósofos nutridos de sopa de convento
      contemplan impasibles el amplio firmamento;
      y si les llega en sueños, como un rumor distante,
      clamor de mercaderes de muelles de Levante,
      no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
      Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
      Castilla miserable, ayer dominadora,
      envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
      El sol va declinando. De la ciudad lejana
      me llega un armonioso tañido de campana
      —ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
      De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
      me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
      de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.
      Hacia el camino blanco está el mesón abierto
      al campo ensombrecido y al pedregal desierto. 

   El ser del pasado se agiganta ante la artería del presente. El yo ha desaparecido por completo, velado por el paisaje y por los pensamientos. El poeta ya es aquello que lo circunda, que lo envuelve hondamente. Recuerda, quijotesco, tiempos de caballería y nobleza, de conquistas y riquezas, mientras él va perdido en la bruma de sus pensamientos, impregnados de la historia de su pueblo. 
    Vuelve el ritornelo de Castilla, la despreciativa y sabedora, ignorante. Queda un camino blanco, un ser del futuro, abierto mesón al caminante, de entre sombras y desiertos. Cierra con dos adjetivos, "blanco" y "abierto", más que simples recursos de la estética modernista, guardan el futuro, como una página en blanco y abierta, donde todavía se pueden escribir historias de nobleza.      
   "A orillas del Duero", en esta pronta lectura, nos muestra algunas preocupaciones de Don Antonio Machado: el tiempo, el ser de España, el paisaje y sus símbolos, el yo íntimo. Admirado y entristecido, por un presente que da coces de mula, aromas majestuosos de tomillo antiguo, noble, y un abierto y blanco camino todavía por andar, a guisa de noble pastor, caballeresco.
Abraham Peralta Vélez



Antonio Machado

A orillas del Duero