domingo, 8 de agosto de 2010

HAIKUS DEL ADIÓS

El aleteo
incesante del adiós.
Llora la vida.

-¡Adiós, adiós!
Grita el lento Otoño
a la fugaz Primavera.

Corre, corre
el amante por su beso
antes del adiós.

Llora el pétalo
en el aire del adiós
al desprenderse.

El amor del río
es un constante adiós
al mar del olvido.

¡A dónde va,
a dónde va el río?
¿Al mar? ¿Qué es el mar?

No sé, no sé,
a dónde se van la gotas
de mi llanto.

¿Adónde irá
la mariposa de mi pecho?
¿Seguirá volando?

La lágrima
encendida del ocaso
encara la noche.

Abrázame
Primavera fugaz
ante tu adiós.

Frutos nuevos
en el bosque ignoto
te encuentras.

Alma renovada
después del largo viaje
en la nubes.

¡Qué alegría
los campos se renuevan
de trigo con la lluvia!

Una luciérnaga
parpadea lágrimas de luz
en su viaje nocturno.

Encuentras
y te rencuentras en el viaje
contigo mismo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Oh, aquellos tiempos de ocote

En memoria y gran memoria
de mi bsabuelo Onofre García Alvarado
amante de cualquier flor labrantía.

Que mi vida no es mi vida,
mi vida es aquella
de tierras labrantías.

Mi bisabuelo soy yo
arando tierra moreliana
en la espera de una flor.

Yo quisiera labrar
y vivir la fecundación
de un hermoso, naranjo en flor.

No importa cual sea la flor. Importa
saber sembrar, a buena luz,
con fuerte corazón.

Un buen sombrero,
unos largos bigotes
y una convicción de arquitecto en flor.

Una espiga de trigo,
una espiga de arroz,
un esposa fiel para el amor.

Bisabuela,
las profundas raíces del amor en ti…
y el árbol está muerto.
Inimaginable el dolor en ti
del Amor, eterno amor.

Pero tú sigues siendo la flor viva,
la sábila verde y curativa;
del dolor del hombre en ti, siempre vivo.
Mujer, jamás marchita,
Flor de mis flores, siempre niña.

Oh, Rosa, mi bisabuelo,
arando tu hermosa tierra moreliana
en espera de una flor de sábila.

Oh Rosa, despierta,
hermosa, flor de mi vida,
que volvió a salir el sol…


Que mi vida no es mi vida,
mi vida es aquella
de árboles y verde gallardía.

Ardía en tu lengua, bisabuelo,
la ceniza del carbón,
la voz del anafre,
el anhelo del fuego.

Ay, por qué te has ido
a dormir a otro petate,
más allá de mis manos, supertejido.

Que no quiero
amarrar con este mecate
sentimientos de cáñamo prendido.

Que mi vida no es mi vida,
mi vida no es esta vida
de gris y electrificada algarabía.

Oh, aquellos tiempos de ocote.
Tiempos de verde limonero
y de árbol de tamarindos.

Ay, aquel gran árbol de tamarindos.
Platicábamos del agua,
de su hermano mayor, el ahuehuete,
y nos llenaba de su dulce sabiduría milenaria:

“Con mi hermano lloró y planeó el valiente Hernán Cortés,
con él mostró su agradecimiento Cuauhtémoc,
y lo plantaba con su canto Nezahualcóyotl.
Todos eran Tlatoanis, el ser longevo y cósmico”.

Otra vez me dijo:
“Tu bisabuelo era un ahuehuete:
un árbol de agua que nunca envejece.

Con la leña, hizo su fuerza
y entendió la magia del fuego,
la energía de dar calor”.

Oh, aquel sudor de aquella fuerza,
por aquel trabajo doloroso, con el machete,
cortando la hierba mala, a fuerza justiciera.

Su fuerza bien nutrida
por las hortalizas
y la flor viva, del día a día.

¡Oh la flor de la sabiduría!
Midiendo su arquitectura
otra luz me alumbraría.

Aquella luz de la albañilería
de fuerza, cansancio y dolor.
Arar y sembrar para recoger una alegría
de aquel otro calor.

Y aunque es el mismo sol el que me alumbra
no es la misma tierra, no es la misma luz.

Bisabuelo, que soy yo,
ahora abundan las tristezas ocultas;
ahora no, ya no, alumbra el corazón de la flor.

Ya no se baja el zacate del árbol,
se le quita la cáscara
y nos baña con su luz.

Ya no… ahora todo, todo está dado;
desde la oscura tierra a la luz, hasta el amor,
se compra en el supermercado.

Ahora todos olvidamos
que la sangre bulle, que matamos:
un cerdo, un pájaro, una res para vivir.

Nos engañamos con sonrisas
y el corazón triste se entierra
para no escucharlo y reprimir la vida.

En esta tierra pavimentada
no hay arado ni esperanza
hay amnesia electrificada.

Que mi vida no es mía,
en esta tierra pavimentada
que la vida gira y gira.

Soy yo, mi bisabuelo:
El vástago de un árbol
que bebe del murmullo del agua
y escucha a los canarios.

Yo quisiera nacer en el tallo verde,
vivir entre rojos y amarillos,
ser labrador de miel con las abejas.

Saborear el pulque que nace del corazón de la penca
y embriagarme de blanca esencia
y de maguey embriagarme.

Yo quisiera labrar
como tú, como Dios,
las semillas de un hermoso sol.

Nacer en un campo de maíz,
plantar frijoles y comer de mi campo,
¡ah, que ricos garbanzos!
Y gozar y tocar la armónica para vivir
en la música del maíz.

Y así tener derecho a decir:
“Si la tierra me dio de tragar,
que la tierra me trague a mí”.


Abraham Peralta y Vélez

Lunes 29/ jun. / 2009, casa Unidad Modelo, 11:42 pm

lunes, 5 de julio de 2010

Haikus

En el otoño
las lágrimas del árbol
son mariposas.

Aunque no creas
el sol vuelve a alegrar
la pasión de las flores.

Aunque lo dudes
en el llanto te encuentras
tus mariposas.

Aunque herida
la flor de los amantes
perfuma la vida.

Vuelve la noche
otoñal; como vuelve el día
en su primavera.

La Locura loca
se extravía en los desiertos
del abandono.

¡Sonríe loca
que ahí viene el tren
en sus latidos!

Deja la lluvia
que lloré sus amores.
De ahí las flores.

Altísimo Naranjo
alumbra la sed y es sombra
del vagabundo.

La oración
de la lluvia da esperanza
a los desiertos.

En la honda noche
las estrellas inasibles
siguen brillando.

viernes, 2 de julio de 2010

Poema al futbol

 ANTIGOL EL SONETO

Si del soneto del balón hablamos
hablamos de la burda multitud
que en absurda y mamona esclavitud
al balón y a la bota esclavizamos.

Si al botar del balón nos masturbamos
con futbolera y ciega prontitud,
de rebote en rebote, y en alud,
al orgasmo del gol nos aferramos.

Y el balón viene y va, paciente dios,
sufriendo puntapiés y embravecidas
patadas por doquiera y en cadena.

Ya que el grito del gol se parte en dos
y en las tribunas claman desvividas,
aún mismo tiempo, la alegría y la pena.

JUAN CERVERA SANCHIS
México D. F., 3 Julio 2010

lunes, 28 de junio de 2010

DISTANCIA

La distancia me da
tu imagen más amada.
No te acerques, por Dios,
que no quiero sufrir
el duro desencanto
de la proximidad
que todo lo destruye.
Guardemos la distancia,
esa exacta distancia
que evita que el amor
acabe destrozado
y muriendo de hastío.

JUAN CERVERA SANCHIS

Porque el saxofón también es poesía.

MÉXICO Y EL SAXOFÓN, Por Juan Cervera Sanchís

A mediados del siglo XIX, el constructor belga Adolfo Sax, quien en realidad se llamaba Antonio José, y quien viviera entre 1814 y 1894, inventó un instrumento musical al que daría el nombre: saxófono y que en nuestro idioma pasó a llamarse saxofón.

Construyó su invento, hombre de admirable ingenio, en seis modelos, que todavía permanecen y que llevan por nombre: soprano, saxofón alto, saxofón bajo, saxofón tenor y saxofón barítono.
Sax editó a su vez un método, escrito por él naturalmente, para enseñar a tocar su invento. O mejor dicho: sus inventos. Hay que notificar que José Antonio Sax, o Adolfo Sax, como se le conoce, inventó, aparte del saxofón, la saxtromba, el saxhorn y la saxtuba.

Su gloria, empero, se la debe al saxofón, que pronto fue aceptado por los músicos y encontró admirables ejecutantes. Entre los grandes saxofonistas a nivel universal es célebre el nombre de George Washington Jr.Brilla también con poderosa luz propia Charly Parker. No se diga Jerry Mulligan,Hornet Colleman y Man Holkine. En verdad el saxofón ha encontrado a fervientes amantes de su muy especial y puro sonido de alta e incuestionable calidad. No es nada fácil tocar este instrumento, pero cuando encuentra a su virtuoso su sonido es seductor.

En México, desde su llegada a estas tierras a finales del siglo XIX, el saxofón encontró excelentes ejecutantes. Curiosamente en las historias de la música mexicana, se registran y exaltan, hablando de ejecutantes, a pianistas, violinistas e incluso a trompetistas, como es el caso de Felipe León. Desafortunadamente a los saxofonistas no se les da la menor importancia. Ignoramos las causas de esta indiferencia hacia ellos por parte de los historiadores.

Hablando de esto con el saxofonista Matías Santisteban nos afirmó con conocimiento de causa:
“-En México hemos tenido y tenemos valiosos, y me atrevo a afirma que extraordinarios, saxofonistas”
-¿A qué crees tú que se deba que ni siquiera se les cite en las historias, pocas, que hay por ahí, divulgando breves reseñas biográficas de ejecutantes? Recuerdo en esas historias fichas biográficas de violoncellistas como Francisco Cárdenas Flores; organistas como Nicasio como
Julián Zíñiga; flautistas como Agustín Oropeza; violinistas como Anastasio Flores, pero ni una sola de alguno de nuestros saxofonistas. ¿No te pareceinjusto?
“-Es muy injusto y, ello, deja al descubierto la ignorancia de esos autores respecto a nuestros saxofonistas. Entre los que hay algunos de prestigio internacional.”
-¿Cómo cuáles, Matías?
“-¡Hombre!, aquí y ahora de memoria me temo que pueda olvidar a alguno de ellos.

Nuestra plática transcurrió en el café San José, de las calles de Ayuntamiento, muy cerca de la casa donde estuviera la celebérrima y legendaria radiodifusora XEW, llamada también “La voz de la América Latina”, en sus tiempos de gloria.
Matías Santisteban continuó:

“-Te daré varios nombres, pero hay más. Por ejempo: Luis Cabrera “El Pilón”, quien llegó a ser el primer saxofonista de la gran orquesta de Luis Arcaraz. En verdad fue extraordinario y cuantos gustamos del saxofón lo admirábamos y lo escuchábamos casi con religiosa devoción”.
-Por favor, Matías, más nombres.
“-Ahí te van. Me acuerdo de Freddy Noriega, al que llamaban “El Kennedy”. Era estupendo.”
-Oiga, Matías, ¿y por qué eso de los motes entre los saxofonistas?
“-Los motes no son cosa única entre los saxofonistas; en México, pues así somos los
mexicanos, son comunes en todas las profesiones; pero el mote no quita ni añade
talento al músico”.
-Correcto, Matías. ¿Qué otros saxofonistas mexicanos consideras de primero nivel?
“-Popo Sánchez me parece fenomenal, y volviendo a los que tienen mote, no quiero olvidar a Héctor Hallar “El Árabe” y mucho menos a Alfonso Martínez “Pochito”, Eddy “El Chato” Urbina
y Tomás Rodríguez “La Negrita”. Con estos nombres es más que suficiente, creo yo, darte una idea, de la cantidad y calidad de nuestros saxofonistas.”
-Siento, Matías, que estamos olvidando a uno.
-“¿Cuál?”
-Se trata de un señor que nos descubrió Cristina Pacheco en su programa del Canal 11 “Aquí nos tocó vivir” y que se llama José Peralta.”
-“Ah, sí, hombre. Lo conozco. Es uno de los mejores, por no decir el mejor, saxofista callejero, y de cantina, que tenemos en la ciudad de México. Te puedo decir que yol o he escuchado en la cantina “Los Hijos de Ultramar", que está por el rumbo del mercado de Río Blanco. Te puedo decir que es muy bueno, pues también en las calles de la ciudad te encuentras con músicos que merecen nuestro respeto”.

Cierto y muy cierto que en México ha habido y hay auténticos virtuosos del saxofón que, si fuera posible revivir a los muertos y reviviéramos a Adolfo, o Antonio José, Sax, se deleitaría en extremo escuchándolos.



Aquel loco

Aunque todos hacen leña
del triste árbol caído
sin una pizca de pena,
aquel loco quiso hacer
una luminosa estrella.

Quiso y lo hizo aquel loco
embriagado de inocencia.
Aquel loco, el loco aquel
que creía en la belleza.

JUAN CERVERA SANCHIS