miércoles, 9 de enero de 2013

Canciones inútiles para ciegos y videntes

1
Toda su vida fingió
que era ciego, pues su vida
entre ciegos transcurrió.

2
Consciente de que era absurdo
hablar de la luz con nadie
decidió también ser mudo.

3
Sin embargo, pese a todo,
seguía viendo la luz
y gritando con sus ojos.

4
No hay manera de ocultar
la mentira ni cubriéndola
con la piel de la verdad.

5
El ciego de nacimiento
nunca podrá comprender
lo que el vidente está viendo.

6
Es por eso que jamás
entre el ciego y el vidente
el color se cruzará.

7
Que entre el vidente y el ciego
ni siquiera es explicable
qué es lo blanco o qué es lo negro.

8
Por ver demasiado, aquel
hombre acabó enloquecido
y pidiendo a Dios no ver.

9
¿Será verdad lo que ven
los que ven o, la verdad,
acaso será no ver?

10
No hay, pues, desgracia mayor
que nacer viendo entre ciegos
y amando entre el desamor.

Doña Vicenta Sanchís Jiménez y su sobrino Juan Cervera Sanchís

ROSA DIMINUTIVA

La rosa diminutiva
es la que más me cautiva,
no la rosa esplendorosa;
pues en la pequeña rosa
es donde el sol, concentrado,
se hace aroma iluminado,
y la esencia del amor
dándole voz al color
rinde devoto fervor
al amor enamorado.

Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda







sábado, 5 de enero de 2013

Cuentos proverbiales

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Una rama gruesa se quebró de un soplo, cayó por el peso que cargaba. Al tiempo, los vendavales jamás vencieron a otra rama ligera, que, por ligera, nada perdía.
Un hombre musculoso enfrentó a un debilucho, le quería robar su dinero. El debilucho sonriente se lo entregó. Le dijo: “Ten, esclavo, son tuyos mis grilletes”. ¿Quién se enriqueció?
El viejo Wilde no podía cargar su piano y llevarlo a la sala de conciertos. Apenas y podía caminar. Sin embargo, sólo él podía cargar con esas invisibles notas musicales que provocaban el llanto del más impasible dictador.
Al verse tanto en el espejo, mientras se maquillaba, perdió un vagón que la invitaba a salir enamorada. Llegó, ese día, tarde a todas partes.
En el titular, del periódico de esta mañana, venía un corrido: “No lo mató una bala/ lo mató el amor/ que aquella hierba mala/ le bajó la guardia/ al ricachón, y lo rindió.”

Abraham Peralta Vélez 

Las piedras


Juan Cervera Sanchís J. y R.
Las piedras lloran y lloran.
Canta el agua.
Los caminos van y vienen
y vienen y van las lágrimas.
No volverán. Nunca vuelven
los adioses. Sufre y calla
la ausencia herida de ausencia.
La nostalgia
cierra los ojos y sueña.
Canta el agua.
Las piedras lloran y lloran.
Todo pasa.

NUESTRA VIDA

Suspirar y suspirar.
Sumar y sumar suspiros.
Sumar, sumar y sumar.
Nuestra vida es un suspiro.
Un suspiro, ¿y nada más?
¿Qué más, qué más que un suspiro
es nuestra vida? ¿¡Qué más!?
Un suspiro es nuestra vida,
una irrealidad fugaz.
...Hasta que al fin y por fin
dejamos de suspirar.

SE ME OLVIDÓ

Se me olvidó el recuerdo.
Se me olvidó el olvido.
Te olvidé, vida mía.
Me olvidé de mí mismo.
Se me olvidó quien soy
y olvidé cuanto he sido.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA.
Museo Franz Mayer (Claustro).
Domingo 16 Diciembre 2012. Ciudad de México.

miércoles, 2 de enero de 2013

ESPERA

A Alan Soto y a Gabriela Segueda,
amigos entrañables del mar del Pacífico

Mientras espera, solo, el pajarito,
a la orilla de la mar, ensueña
un silencio gigante de ballena,
detrás del aparente desaliño.

Se sonrosa el sol, viejo, se está ido.
El pajarito ensueña, en Barra Vieja,
ensueña un más allá que nunca llega
y llega por las olas del pacífico.

Diminuto y hambriento, el pajarito,
escucha, de las olas pasajeras,
la ola ensordecedora y eterna,
que no cesa, callada, de ser grito.

Barra Vieja, caballo en remolino,
ventarrón de la mar sola, abierta,
y pajarito solo, altas palmeras,
me llena de milagro en un respiro.

Abraham Peralta Vélez, 3 enero de 2012

Espera, Abraham Peralta Vélez


martes, 1 de enero de 2013

Dime tú

Dime tú, ¿a quien le importan
las lágrimas azules del canario?
¿Las hormigas no duermen?
¿De qué estaban hablando
en el viejo jardín las rosas moribundas
y los rayos del sol?
Si el jardinero es sordo,
¿por qué llora la música?
Un querubín travieso se reía de sí mismo.
Era tan pobre Dios que creaba y creaba,
sin descanso, universos efímeros.
El árbol de la vida, ¡ah vida mía!,
se sentía abandonado por su sombra.
Una rama, unas hojas... Nidos de colibríes.
Lo invisible visible. Déjame que te diga...
¡Oh, no, mejor me callo!
Cuanto sé del silencio
es que yo no sé nada del silencio.
Sigue gritando tú. Sigue y sigue gritando.
Yo no puedo creer, nunca he creído
y nunca he de creer
en la hojalata absurda del absurdo
e inútil griterío.
Es por eso, es por eso, por aquello y lo otro,
que quisiera saber... ¿Lo sabes tú?
¿Alguien lo sabe?
Dime tú, ¿a quien le importan
las lágrimas azules del canario?

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F. Colonia San Rafael. 13/12/2012

Dime tú, Juan Cervera Sanchís
HIJA

Hija de puta. La vida.
Gran hija de puta, sí.
Hija de puta la vida
y el vivir.
Vivir, vivir...¡Qué putada!
Lo bueno es que tiene fin.
Suicidas del mundo, ¡uníos!
Y...
¡Uníos suicidas del mundo!
Uníos, uníos y unir
vuestras firmes voluntades
y de una vez y decidir,
sin más cuentos ni más cuentas,
lo que hay que decidir.
Hija de puta. La vida.
Gran hija de puta, sí.

JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA
México D. F. Colonia San Rafael 14 Diciembre 2012 



lunes, 31 de diciembre de 2012

Por cielo, mar y tierra

¡Por cielo, mar y tierra,
encuentro al hombre
ala, raíz, naufragio!

Nada nos es dado sino el dar
hasta ser plena nada.
¡El cielo, la tierra, la mar!

¡Qué ciertas las nubes aquellas,
pasajeras como los peces
y tan polvo como los hombres!
¡Qué piedra aquella ave!

Por cielo, mar y tierra,
encuentro al hombre
temblor de hojas y olas
y alas pasajeras.
No el hartazgo, sino
¡la sed, la sed, el hambre!


Abraham Peralta Vélez 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Hoy andamios banqueteros, habrá un día, acaso, ¿que no devengamos en callejerías?, más que la excepción, la regla, a poco no, mi flaca. 
Hoy gusto de compartirles una revista de Iletrados banqueteros, y, por tal motivo, aprovecho para sacarles de la manga del cajón un Soneto de la calle, ya que estamos en tales menesteres. 

A mis abuelos, albañiles.

¿Cuántos muertos han construido vida
a bultos de cemento?.. Un lamento
eterno y mudo surge en el cimiento
de los muros de la ciudad erguida.

Con denuedo el alma malherida
moldeó de la piedra el elemento
y edificó, a latigazo hambriento,
pueblo, urbe, cultura y guarida.

El albañil, alma alfarera, siente
la esencia del polvo del cascajo,
la edifica, la ofrenda llanamente.

Cuela con agua la semilla ardiente
de la piedra, y, desde tierra abajo
la edifica en sol efervescente. 

Abraham Peralta Vélez 



REVISTA LA ILETRADA